El escritor y su gato compartiendo soledades

El escritor y su gato compartiendo soledades
Los infiernos del escritor

jueves, 21 de septiembre de 2017

Maestros del Blues. Igor Prado.. Para la cena, una combinación de coxinha, feijoada y quiejo coalho, delicatessen cariocas bien acompañadas por una espirituosa y exquisita cachaza, vituallas que corren por cuenta de Javier “Paco” Miró... cierra Vinicius de Moraes con un soneto





Por Javier "Paco" Miró


Igor Prado se enamoró de la guitarra cuando tenía 11 años de edad. Zurdo y autodidacta, aprendió a tocar la guitarra boca abajo y hacia atrás (con la cuerda más delgada en la parte superior) y una vez que descubrió el blues, se enfrentó a la empresa más difícil -  estudiar y tocar el blues en Brasil. Actualmente, toca en el '' PRADO BLUES BAND'', que es un grupo dedicado al blues de la costa oeste Costa Ryhthm/saltar/Swing & Blues. “Invertida”  es su primer álbum  solista con la colaboración de invitados especiales como R.J. MISCHO, STEVE GUYGER, GREG WILSON, RON DZIUBA (saxofonista de Lynwood Slim, cabrito Ramos), J.J. JACKSON y otros.
Igor y su banda ha participado en muchas giras con diversos artistas internacionales como Jamie Wood, Enrico Crivellaro, Eddie C. Campbell, Steve Guyger, James Wheeler, Phil Guy, Mud Morganfield (el más viejo hijo de aguas fangosas), R.J Mischo, Mark Hummel, Lynwood Delgado, Gary Smith y Rick Estrin (Little Charlie & la Nightcats).
Visitó Buenos Aires acompañando a Anika Chambers para el Blues Festival de Noviembre de 2016, evento que fue muy bien cubierto el evento por Malbec&Blues  en:



La Real Blues Magazine coloca disco de Igor 'Invertida' como uno de los 10 mejores CD de 2007. Ha recibido numerosas nominaciones y elogios de varias revistas como Blues Revue (Estados Unidos), Blues del sur de California (Estados Unidos), temas de Blues (Inglaterra), cera de Blues (Estados Unidos), Twoj Blues (Polonia), Juke Blues (Reino Unido)...



Soneto de la Fidelidad  
Vinicius de Moraes

En todo, le seré a mi amor atento
antes, y como tal celo, y siempre, y tanto
que incluso en frente del mayor encanto
de él se encante más mi pensamiento.

Quiero vivirlo ya cada momento
y en su loar he de esparcir mi canto
y mi reír y derramar mi llanto
a su pesar o a su mayor contento.

Y así, cuando más tarde me procure
quizás la muerte, angustia del viviente
quizás la soledad, fin de quien ama

decir yo pueda de mi amor ardiente:
que no sea inmortal, puesto que es llama,
mas que sea infinito mientras dure.





viernes, 15 de septiembre de 2017

Maestros del Blues. Kirk Fletcher y un breve detalle que nos marca José Pablo Feinmann con relación a los daños colaterales que se sufren por eso de meterse demasiado con uno mismo...






Nació el 23 de diciembre de 1975 en Bellflower, California. Su carrera como guitarrista y compositor de blues se remonta a su época de secundaria colaborando con la banda de Christopher Williams. A poco de salir de la enseñanza media tuvo la oportunidad de compartir escenarios y bares musicales con bluesman de la talla de Robben Ford y Charlie Musselwhite. En el presente posee su propia banda The Kirk Fletcher. Tres trabajos se destacan en su discografía: Estoy Aquí y yo me voy del año 1999, Las sombras del blues del año 2003, y Mi turno del año 2010.  Tres veces estuvo en nuestro país. La limpieza y prolijidad de su estilo lo colocan como uno de los instrumentistas más delicados y finos de la actualidad.




"A veces el error del hombre

es confundir su dolor,

sus diferentes dolores

con la verdad.

Ese es el gran engaño.

El dolor no es la verdad,

es una parte del proceso.

La vida es una sucesión

de sorpresas

y el problema esta

cuando el dolor

impide tener nuevas sorpresas".


José Pablo Feinmann






viernes, 8 de septiembre de 2017

Maestros del blues. Lefty Dizz.. nos propone Javier “Paco” Miró.... y el ser bohemio de Rafael Barret






Por Javier "Paco" Miró




Lefty Dizz nació un 29 de abril de 1937 bajo el nombre de Walter Williams en Osceola, Arkansas.
Cantante y guitarrista de Blues  cuyo trabajo discográfico apareció en ocho álbumes nació. Aprendió los rudimentos de la guitarra mientras que sirvió durante cuatro años en la fuerza aérea de Estados Unidos. Dizz, zurdo de nacimiento, tocaba la guitarra diestra boca abajo sin cambiar el encordado. Después de su baja de la Fuerza Aérea, en 1956, se trasladó primero a Detroit y después a Chicago, donde se instaló definitivamente. Aquí en Chicago tocó bajo la dirección de Lacy Gibson y Earl Hooker. Su talento fue valorado a tal punto que la banda de Sonny Thompson no dudó en incorporarlo en 1958. También trabajó con Junior Cannady y John Lee Hooker. 


En un movimiento importante de su carrera, en 1964, se convirtió en miembro del grupo de apoyo de Junior Wells. Viajaron alrededor del mundo hasta 1971, cuando Dizz unió a Hound Dog Taylor y los House Rockers. Él siguó siendo un miembro de esa banda hasta la muerte de Taylor en 1975. Luego formó Shock Treatment. Fue con esta banda que más desarrolló su extravagante performance, que incluía tanto momentos de humor  como su experto pero llamativo estilo de tocar la guitarra. Sumamente inteligente también estudió y se recibió de Licenciado en economía en la Universidad de Southern Illinois. Tocó en  Chicago en 1981 con Muddy Waters y Rolling Stones: Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood . Dizz murió a causa de los efectos del cáncer de esófago en 07 de septiembre de 1993, a la edad de 56.


EL BOHEMIO de Rafael Barret


Era muy bueno. Tenía nobles aficiones. Hubiera aceptado la gloria. Cada detalle de su existencia era precioso a la humanidad. Nadie lo sospechaba sino él. ¿Qué importaba? Le bastaba saberse un profeta desconocido, cuya misión maravillosa puede fulminar de un momento a otro. El espectáculo de su propia vida no le bastaba nunca. La lucha cuerpo a cuerpo con el hambre y el frío no le parecía menos épica que la lucha contra la envidia olfateada bajo la amistad. Paseaba con orgullo su sombrero grasiento y sus miradas furiosas.

Como ya no hay bohemios, era el bohemio por excelencia. Los demás, los burgueses, le despreciaban a causa de haber quebrado en el negocio. No entendía la explotación del libro y del artículo, ni se ocupaba del reclamo. Lanzado a un siglo donde todo es comercio se obstinaba en no comerciar. Por eso su talento olía a miseria, y la tinta con que firmaba sus vagas elegías le servía también para pintar las grietas blancuzcas de sus zapatos.

Pero, ¿tenía talento? Sus continuos fracasos le daban a pensar que sí. Llevaba la aureola dentro de la cabeza.

Caía una llovizna helada y pegadiza que le hizo estremecer cuando salía de su bar. El piadoso alcohol, el verde Mefistófeles que dormitaba en el fondo de las copas de ajenjo, no había abrillantado del todo aquella tarde las ágiles visiones del poeta. Sobre ellas, como sobre la calle mojada, el cielo incoloro y el universo inútil, caía una sombra gris. El héroe se sintió viejo. El barro de sus pantalones deshilachados se había secado y endurecido bajo la mesa del cafetucho, y pesaba lúgubremente. El orgulloso dudó de sí mismo. Divisó reflejada en una vitrina la silueta lamentable de su cuerpo agobiado. Un abandono glacial entró en la médula de sus huesos. Candoroso y desconsolado, lloró sencillamente.

De repente el corazón se le fue del pecho… ¿Qué…? Era a, él… Imposible… Miró detrás de sí… No había duda, era a él mismo.

Una mano desnuda, demasiado suave para los macizos anillos suntuosos que la cargaban, le hacía señas desde la portezuela de un carruaje de gran lujo, detenido a duras penas un instante. El bohemio vaciló. La mano se agitaba, ordenando, suplicando, que se acercara, que acudiera. Y él se acercó temblando. Respiró. Ninguna infame limosna manchaba los dedos de nácar. La portezuela se abrió. Unos brazos impacientes se anudaron a él, y sobre su boca amarga y poco limpia vino una boca de raso, tibia y deliciosa como el amor… Los caballos arrancaron al trote, y las luces de la ciudad, que empezaban a encenderse, cruzaban como ligeros proyectiles el vidrio biselado y húmedo. Al reflejo débil vio el poeta pegado a su rostro el rostro bellísimo de una mujer en cuyos ojos se había refugiado todo el azul del paraíso, y cuya piel era de una dulzura igual a la dulzura de las blondas y las sedas de su traje fantástico.

Sentados a la mesa opulenta, después de un banquete íntimo, la voz de oro sonoro de la princesa -era naturalmente una princesa rusa- explicaba al bohemio qué raro y pronto capricho la había obligado a volcar el tesoro entero de las felicidades humanas sobre la testa melenuda aparecida a la puerta de un bar. Él, desabrochado y estúpido, la oía en silencio. Y ella, ante la camisa cansada que asomaba por la abertura del chaleco y las uñas sombrías del vate, reflexionaba con alguna tristeza en el final de la aventura…

Pero el hombre se levantó, recogió titubeando su sombrero grasiento, y fijando en los labios luminosos y puros de la princesa sus ojos de niño, exclamó:

– Señora, alta señora, he cenado porque tenía hambre. Yo no soy mi estómago. No quiero satisfacer el hambre eterna de mis sentidos y de mi alma. No tomaré tu carne hecha con pétalos y besada por las estrellas. A tu hazaña la mía. ¡Me donaste una divina ilusión, y no me la arrebatarás nunca!

Y se marchó, ostentando en su frente, por única vez quizá, el rayo melancólico del genio.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Maestros del Blues Christian Willisohn y la poética potestad de la sed...



Cantante y pianista alemán nacido en Munich el 22 de enero de 1962. Albañil y escultor dejó ambas actividades a favor de la música en 1986, inciso artístico que había comenzado a explorar en 1980. Si bien el blues es el género dominante de su obra los puentes que logra construir con el jazz son inconfundibles. Hoy aparece con giras por toda Europa interpretando a los clásicos, además de sus propias composiciones que vaya curiosidad son en su mayoría textos de su esposa, Alexandra Mayer. 




La sed los convocó ante la potestad de los espejismos y su deriva. Oasis alucinantes diseñados a costa de ciertas soledades que suelen acompañar a los seres humanos de modo siniestro. Sus dos desiertos eran lo suficientemente extensos como para no dejarse llevar por el ensueño. La felicidad, como es usual, se disfraza de embustera y logra que por un breve lapso de tiempo la sed no logre injuriar aquello que por cierto estaba vulnerando. Cuentan los cronistas que luego de saciar sus necesidades en el espejismo ambos desconocidos continuaron su camino optando por cardinales opuestos, pero más sedientos aún, debido a que vaya paradoja, esas aguas que bebieron se hallaban altamente contaminadas por la ustible pócima del amor… 






jueves, 24 de agosto de 2017

Maestros del Blues. The Beatles Blues y una historia en donde Javier “Paco” Miró nos cuenta acerca de lo que pudo haber sido para el género la irrupción de los genios de Liverpool, el recordado Beto Badía y algunas estrofas sobre el tiempo y lo que uno tenga ganas de recordar, olvidar y tolerar... cosas que cuelo cual traficante aprovechando la bonhomía de sus numerosos seguidores...





Por Javier "Paco" Miró


Algunos dicen que cuando todo se volvió complicado y dejaron de tocar en vivo, debido a los gritos, las amenazas, y los problemas con los grupos fanáticos cristianos, el grupo podría haber tomado un giro inesperado. Cuando managers y productores les quitaban el aire y los obligaban a pasar innumerables horas en el estudio hasta llegar a cansarse el uno del otro, John deseoó un par de veces, haber tenido una banda más al estilo de los Stones. También se dice que cuando Clapton colaboró con ellos y George amenazó con dejar la banda Eric parecía ser naturalmente el sucesor al puesto. De hecho durante la grabación de “Let it be”, un prestigioso tecladista negro que sabía un toco estaba trabajando con ellos, nada menos que Billy Preston.



A lo largo de los ensayos y las sesiones de grabación, la atención de la banda se centró en una amplia gama de “covers”, extendidos jams de blues de 12 compases y nuevos esfuerzos ocasionales como  "Mad" de Lennon. Estos covers incluyen piezas clásicas como "Adagio para cuerdas" de Samuel Barber, estándares del jazz como "No es ella dulce" y una serie de canciones de la era temprana del rock-and-roll como "Stand By Me", "Palabras de amor", "Lonely Sea", "Bésame Mucho"  y "Zapatos de gamuza azul". También tocaron varias canciones de Bob Dylan , incluyendo "Positivamente 4th Street", "All along the watchover" y "Yo seré liberado".



Quizás hubieran sonado un poco como los “Dirty Macs”, agrupación que contó brevemente con Lennon, Clapton, Keith Richard y Mitch Mitchell (Jimmy Hendrix Experience) y tocaron en vivo una  electrizante versión de los Beatles “Yer Blues” (ya presentado en grandes maestros del blues con anterioridad)
Introduciendo una especulación que ciertamente hubiera fascinado al entrañable y  tan extrañado Juan Alberto Badía en alguna de sus “Curiosas Noches” de la radio, sin duda hubiera disfrutado de presentar estas respetuosas y talentosas versiones de la banda Beatles Blues.



Beatles Blues comenzó durante los descansos de los ensayos de la banda brasilera TODAY  - un conjunto original de Marcos Viana, Flavio naves, Lancaster Ferreira, Bruno Falcão y Fred Barley en 2010. Marcos, el cantante, con su guitarra acústica y empieza a recrear canciones de los Beatles. Los otros miembros de la banda fueron sorprendidos naturalmente cómo sonaban esas canciones, como si él las hubiera escrito. Como el resto de la banda tocaba blues empezaron a tocarlas con este estilo.

Un día Lancaster dijo: "¿por qué no mezclar estas dos cosas? Podríamos llamarnos Blues  Beatles !" Todo el mundo amaba la idea y juntos empezaron los Beatles Blues en 2013. La primera versión de las canciones de los Beatles que llamó la atención de la gente fue un Ticket To Ride. El video ahora tiene sobre 2 millones de vistas en Facebook. La banda ha trabajado y reelaboró muchas canciones diferentes desde que se formó.




Seguramente el Juan sin poder con su genio hubiera cerrado el bloque con una canción de su banda tan amada es entendible.




Solo se tolera el ansia de no tolerar



Tolero el saqueo al cual invita la evocación,
expolio cuya indecible felonía permanece punzante,
acaso en algún retrato sepia,
tal vez en la astilla de una copa ajada
que aún conserva en su estría lacerada
la impaciente inmortalidad de una huella bermellón.

Tolero el despojo al cual invita el olvido,
abuso cuya promiscua perfidia persevera corrosiva,
tal vez en alguna pócima hiriente,
elixir rociado entre las rimas de un poema
que se niega a tutelar el entalle injuriado
y la extrema perpetuidad de su trazo bienhechor.

Tolero la estafa que procura la soledad,
inasible enfermera, perversa mácula, ácaro presente,
que cual grato somnífero, ampara desde la argucia
el verbo horrorizado de la buena compañía,
cincel agnóstico, porfiado, que perdura aún
con la elipsis de un acorde que merece perecer.

Tolero el punible silencio del camposanto el cual
se nos finge cancerbero, que nos ofrenda nirvanas,
brumoso predicado e inhabilitado al lenguaje
majestad sin un dialecto venturoso en sus axiomas
como oprobio: su algazara, y la luctuosa soberbia
de un promiscuo vencedor.


viernes, 18 de agosto de 2017

Maestros del Blues. C.W. Stoneking... nos sirve aguardiente de su alambique australiano Javier Paco Miró.... y un tal Orsino Fulco no abre las puertas de su paraíso..




Por Javier "Paco" Miró








Su sonido parece salido de algún pueblo olvidado de Luisiana o quizás en algún viejo bar de Nueva Orleands. Sin embargo su origen es bien lejano a esas tierras, quizás no su corazón ni su alma. C.W. Stoneking nació en Katherine, territorio del Norte, Australia, el 15 de marzo de 1974. Hijo de Billy Marshall Stoneking.  En el año 2005 Stoneking registró un álbum de composiciones originales de blues titulado King Hokum. El álbum fue recibido con gran aclamación crítica en los medios de comunicación australiano después de su lanzamiento en 2006. En 2006, Stoneking formó su banda de apoyo, la orquesta primitiva de bronces. La formación actual es James Clark (tuba, contrabajo), Stephen Grant (Cucurucho), Stu Barker (trombón) y Johnny Machin (batería).


En el año 2006 el prestigioso crítico Tim Ritchie eligió King Hokum de C.W. Stoneking como el álbum del año. Al año siguiente su gira por Australia fue un verdadero suceso a tal punto que Radio Nacional la presentó como su evento principal. Ese mismo año King Hokum fue nominado para el mejor álbum de Blues/Roots en los ARIA Music Awards.  El 20 de octubre de 2008 Stoneking presento Jungle Blues, su segundo álbum de composiciones originales, que alcanzó el puesto nº 45 en el ARIA Albums Chart.  Jungle Blues ganó el premio al mejor álbum de Blues tradicional  y fue nominado para el mejor lanzamiento independiente, mejor artista masculino en 2008. El Álbum siguiente de Stoneking, Gon' Boogaloo, apareció el 17 de octubre de 2014, y alcanzó el número 17 en el ARIA Chart.




El Paraíso de Orsino Fulco

Amaba la oscuridad, el silencio y la soledad, pero entiéndase, Orsino Fulco era amante de la oscuridad inevitable, del silencio natural y de la soledad casual. Hombre de monosílabos Orsino Fulco. No necesitaba más que expresar gestualmente, con el agregado de una mínima interjección, su desprecio visceral por aquellos que observaban a sus amantes como prostitutas de compañía paga y temporal. Estimaba mucho a las prostitutas, sobre todo a las napolitanas, hermosas damas que invitaban placer en la vía del mercado Porta Nolana, debido a ello no consideraba prudente ni inteligente poner ambos afectos dentro de un mismo plano, y menos aún toleraba cualquier tipo de desplante hacia aquellas mujeres que lo acompañaban desde su precoz adolescencia.
Orsino Fulco amaba el paraíso tal cual como lo concebía, dibujado con trazos de melancólica oscuridad, armónico silencio y amable soledad. Ámbito de Dios, sitio reservado para aquel capaz de leerlo, no indagarlo con desconfianza y gozarlo con devota astringencia. Para su gobierno sospechaba que la resuelta y amable soledad del paraíso estaba determinaba por el carácter exclusivo que poseía. Orsino Fulco entendía que debía existir un paraíso para cada persona y que una vez arribado se construía de acuerdo a fundamentos subjetivos, quizás vividos. En tanto el silencio no incluía la sordera del vacío. Se trataba de armonías envolventes aún no pentagramadas que lograban caducar a todos los sonidos conocidos, incluso sonrojando a las más bellas páginas del romanticismo alemán. Como buen italiano, Orsino Fulco, disfrutaba mucho de las tristezas bávaras. La inevitable oscuridad era, acaso, el inciso más complejo para comprender y deconstruir. Bruma aliada, cómplice, enemiga de la vulgaridad y del sentido común; aguzar la mirada era la única cláusula que no se debía insolentar.
Orsino Fulco juzgó a ese momento como el oportuno para verificar los conjuros y sortilegios de su paraíso. Si mediar burocracias, de manera bucólica y serena, sentado en su silla de ruedas, como siempre desde su regreso de la guerra, y orientando sus ojos en dirección al crepúsculo, bebió de un trago el insípido elixir, néctar que en un diálogo casual conoció a través de su vecino el boticario, pócima indolora, que produce somnolencia y muy expedita desde la temporalidad. De inmediato, al despertar del letargo sibilino, comenzó a poner en duda la eficacia del brebaje; la oscuridad no era inevitable, el silencio había que conquistarlo, y la soledad era necesario exigirla. Su paraíso se parecía mucho a su vida. Por suerte, pensó para sí, semidesnuda y delante de él, una de las prostitutas napolitanas más bellas de la vía del mercado Porta Nolana estaba a segundos de atraparlo, utilizando como armas sus marcadas, extensas y liberales piernas...



jueves, 10 de agosto de 2017

Maestros del Blues. Hughes Taylor y el comienzo de la historia del Prometeo Fabrice (su destino, por ahora es incierto)



Hughes Taylor es un enérgico y ambicioso artista de blues de Macon, Georgia. Es conocido por su impresionante y realizado juego de guitarra y estilo eléctrico único que infunde las raíces de blues tradicional con blues optimista, de ritmo rápido y rock clásico. Hughes es autodidacta, inspirándose en artistas de blues y rock como Eric Clapton, Stevie Ray Vaughan y Jimi Hendrix.     




El Prometeo Fabrice




Sin prevenciones Fabrice encadenó su decoro al escritorio en donde reposaba desde hacía meses el vetusto ordenador personal, incluyó los épicos cronopios que durante los últimos cinco años apuntara al margen del texto cardinal y comenzó a bocetar su íntimo culto a Prometeo, acaso una peculiar metamorfosis, procurar reconocerse como invención y novedad. Dejó de lado las vulgaridades ligadas al sentido común como ser ordenar prendas en las maletas, viajar sin carta cierta, modificar su estética, cambiar de sexo, hasta desaprender el idioma para reemplazarlo por uno extranjero, no formaban parte de la fórmula. La transmutación debía incluir incisos nunca antes sometidos al escarnio que proponen tanto la controversia como la incompetencia. Por caso la memoria y la cultura, y ésta desde lo antropológico, es decir hábitos y costumbres, desde luego las bellas artes y la ciencia. La necesidad de deconstruirse para destruirse con eficacia sin llegar al absurdo límite de un no retorno, para más tarde y como final de juego volver a construirse metódicamente sin dejar inciso de lado.
Durante las primeras semanas Fabrice inició el proceso escrutando su moral y su ética. El asunto no pasaba por exhibirse banalmente despiadado, era necesario internalizar la perversión hasta ubicarse dentro de los mundos de la psicopatía más extrema, ausente de toda conciencia y vergüenza. Cada acción era minuciosamente pensada, desde el sabotaje a las instalaciones de las viviendas linderas, pasando por la desaparición de las mascotas de sus vecinos hasta la propia muerte de algún parroquiano de la cuadra. Y siempre, como eficaz coartada, exponiendo su agradable imagen como auxilio y testimonio del acertijo a descifrar. Una vez concluida la primera etapa el devenir fue más sencillo debido a que la moral, usualmente, acostumbra a podar nuestros más bajos instintos. Sin su onerosa carga la espontaneidad afloraría naturalmente...


sábado, 5 de agosto de 2017

Maestros del Blues. Matt Schofield, el Curcu Pomares y un viejo triciclo de carga Laponia


Virtuoso guitarrista y cantautor británico de blues nacido el 21 de agosto de 1977 en Manchester. A pesar de ser muy joven ya es una leyenda del género en las islas ya que es considerado uno de los mejores diez guitarristas de su historia. Se reconoce muy influenciado por BB King, Albert Collins, SR Vaughan y Clapton.

Discografía propia

·                    The Trio, Live (2004)
·                    Live at the Jazz Café (2005)
·                    Siftin’ Thru Ashes (2005)
·                    Ear to the Ground (2007)
·                    Heads,Tails & Aces (2009)
·                    Anything But Time (2011)
·                    Far As I Can See (2014)


Como productor y o acompañante posee una decena de trabajos adicionales.. 



El Curcu Pomares y el triciclo de reparto 




Finalmente el Curcu pagó por su obsesión. Aunque no le salió caro, apenas su vida. Inciso que para él no parecía ostentar un valor extraordinario ya que sacando su persona, a nadie le importaba, y todos sabemos que en estos tiempos en donde el mercado impera, lo que no tiene demanda no cotiza, y lo cierto era que la vida del Curcu Pomares no figuraba en la tabla valorativa de absolutamente nadie. No había quien lo demandara por sus ausencias, y menos quién le ofertare compañía, sendos eventos que disfrutaba con suma holgazanería. Pero era lo único que tenía para convidar, de manera que aún enfermo y desprolijo se dijo para sí, allá vamos. Para despejar prematuras incógnitas debemos aclarar que el Curcu no era un devoto de la inmolación, apreciaba la heroicidad pero siempre que no comprometiese sus culitos de ginebra de media mañana y del crepúsculo, en el boliche de Correa, bodegón de vituperables traza e higiene ubicado en la ochava opuesta y en diagonal al almacén del viejo Krubescu, un rumano ciertamente siniestro, hosco y descortés, del cual poco se sabía ya que había llegado al pueblo, en soledad, entre gallos y medianoches poniéndose en menos de una semana tamaño comercio, mercadito que para mal del vecindario era el más surtido y barato de la aldea.
Algo no le cerraba al Curcu de este inmigrante dacio de mirada entre paréntesis y fidedigna honestidad comercial, a tal punto que la curiosidad pudo más comenzando a bocetar a mano alzada el dibujo de un pretexto sólido y creíble que le permitiese acercarse sin que el hombre desconfíe sobre segundas intenciones. Desde la mesa que daba a uno de los ventanales del boliche el Curcu podía observar todo el movimiento del mercadito, tomar apuntes y señalar todo aquello, a su criterio, perfectible. Sospechaba que el único tema de interés para el rumano debía ser su negocio, de modo que no se distrajo en otros incisos. Espíritu empecinado el del Curcu. Luego de veinte días de observación y dos libretas de apuntes completas en tesis elaboradas y cronopios, no alcanzó a refinar su astucia para poder detectar alguna excusa de valor que le posibilitara interrumpir ese sesgo anacoreta que guardaba para sí el silente vecino Krubescu. No causaba espanto, ciertamente imponía un respeto superior, extraño en la aldea, tan exótico como su origen, debido a ello ingresar a sus infiernos era todo un dilema. Esos notorios indicios no amedrentaron en lo absoluto el espíritu inflexivo e insistente del Curcu, de manera que como el rechazo ya lo tenía asegurado fue sin mediar prevenciones a irrumpir al rumano con una propuesta en donde se ofrecía como prenda de amistad y prosperidad comercial.
Cierta noche de invierno lo esperó a la hora del cierre. Krubescu solía bajar la metálica americana a las nueve y media para dar definitivamente las hurras del día luego de que el último cliente saliera del local. En ese momento reforzaba las cancelas y corría los cortinados de manera nada sobre lo que ocurriese en el interior se viera desde la nocturnidad exterior. No había habitante en la aldea que en ese momento desconociera que el rumano estaba realizando el arqueo del día para religiosamente guardar el dinero en lugar seguro, acaso llevar una parte importante a su casa, vivienda distante tres veredas. La seguridad era un tema menor y sin relieve para él, por cuanto el comercio era lindero a la comisaría por los fondos de manera que se descartaba cualquier tipo de tropelía. Si tal cosa ocurría todas las miradas caerían de forma irremediable sobre el personal policial.

-        Señor Krubescu, cómo le va, lo incomodo si le comento algo que le puede llegar a interesar – requirió el Curcu –
-        Buenas noches. ¿Le parece qué es hora? – respondió el rumano, con su habitual media lengua dacia y algo molesto -
-        Pero usted está todo el día ocupado en el mercado, incluso los domingos, no tengo alternativa.
-        Y usted hace casi un mes que se la pasa, mañana y tarde, observándome desde el boliche de Correa. ¿De qué vive me preguntaba por estos días? No se preocupe, no responda, ya me dijeron que no es de peligro y que suele aprovechar bien las changas cuando las épocas de siembra y cosecha. ¿Cenó? – finalizó Krubescu -
-        No todavía, en realidad no suelo hacerlo, la noche y la soledad no son buenas compañeras de mesa – sentenció el Curcu –
-        Vamos, venga y acompáñeme si no tiene otro programa, me quedaron más de dos raciones de ropa vieja del mediodía.
-        Faltaba más, será un placer – respondió el Curcu con un marcado rictus de estupor -
-        Esperé un momento, voy a buscar una botella, mejor dos, de un Tannat edición limitada que recibí directamente desde Canelones, Uruguay. Será una buena oportunidad para probarlo y obtener una opinión más de la que pueda dar mi paladar. No se asuste, estoy enterado lo que se fabula y se dice con respecto a mi persona. Mañana, confírmeles la hipótesis, dígale a todos que es cierto, que soy un ogro, es una muy agradable y eficiente manera de ser discriminado y a la vez rendirle homenaje a mi soledad.


Veinte minutos después estaban cenando en la cocina de la pequeña casa colonial, morada de Krubescu, inmueble que alquilaba desde hacía una década y que más allá de poder adquirirlo sin necesidad de tener que afrontar ningún problema financiero prefería no hacerlo y rentarlo por razones humanitarias. La propietaria era una señora octogenaria, con dos hijos tan voraces como irresponsables. El rumano suponía que si le compraba la casa a la dueña ese monto le sería saqueado al instante por los dos malvivientes terminando sus días en soledad en un oscuro frontispicio para gerontes. Con este formato ella manejaba su mensualidad más la pensión por viudez, con serena autarquía. Los hijos no se acercaban nomás que para las formalidades familiares y una vez por mes se embellecía para recibir al hombre confiable y apocado que le administraba con orden y cuidado su vida.  Ella era la única en el pueblo que conocía perfectamente quién era ese rumano ermitaño al que todos recelaban.


-        Pero dejemos un momento mi relato personal de lado – exigió el dacio -, quiero escuchar lo que vino a proponerme.
-        Mire Krubescu. En estos días de observación pude comprobar que usted y su mercado requieren de un alivio en la tarea. Trabajar con menos presión y sin tanta congestión dentro del local. Y creo que yo lo puedo ayudar en eso sin que usted resigne un peso de rentabilidad y al mismo tiempo poder ganarme la vida de manera honesta teniendo ingresos regulares. Por mi parte pongo a disposición de su comercio mi viejo triciclo de reparto, única herencia recibida, y estas dos buenas piernas para llevar pedidos a domicilio. Usted no le añadiría ni un centavo por el servicio al monto global de la cuenta, mi ganancia estaría en la buena voluntad del cliente. Bajo esas circunstancias le puedo asegurar que la propina superaría holgadamente cualquier adicional. Además podría llevar hasta tres pedidos por viaje. Creo que usted aún no estaba en la aldea por entonces, mi papá lo utilizaba en primavera, verano y parte del otoño para vender helados Laponia y en invierno metía en la caja varios termos de café para luego aprovechar cualquier circunstancia de agrupamiento callejero popular y  pasear con su oferta entre la multitud: Procesiones, partidos de fútbol, misas, mitins políticos, carreras cuadreras, kermeses, son algunos de los eventos  que recuerdo. Usted me dirá si continúo.
-        Siga por favor, que aún no hemos abierto la segunda botella de vino.
-        De todas maneras la debo acondicionar un poco debido a que todavía conserva la iconografía de aquellos años. Aún recuerdo su fervorosa arenga publicitaria, cantito que lo dejaba afónico hasta que mi vieja, a la tradecita, le preparaba una sopera ración de leche caliente con miel: "Helao, helao. Helao tacita palito bombón crema-chocolate helaoooo" Siempre quise continuar el legado de mi viejo, pero la modernidad y el vértigo nos sacaron de circulación, a mí y al triciclo. Eso del delivery, creo que así se dice, ha impuesto reglas de velocidad con las cuales uno no puede competir. Pero como aquí no se trata de recibir el encargue a una determinada hora y menos a una temperatura de ingestión considero que la cosa puede funcionar. Su negocio tendría menos gente dentro del salón y tal vez hasta comercialice más artículos ya que la comodidad del no acarreo incluiría insumos que acaso se abstengan de llevar por exceso de equipaje. Hablo siempre de sus clientes de a pie. ¿Cómo lo ve?
-        Medio siglo atrás hasta lo hubiera tomado como empleado efectivo. Pero no estoy muy seguro. La calle está peligrosa, incluso aquí. Años atrás, y no le digo muchos, el entoscado regulaba bastante el entusiasmo de los automovilistas, hoy con el asfalto la aldea es una pista, sobre todo para los niños bien que gustan de las picadas – reflexionó Krubescu –
-        Usted deje eso por mi cuenta. Sé por dónde circular y cuáles calles o senderos evitar. Lo que es imposible de sortear es el siniestro plano inclinado ascendente de la vía y ese uno y otro lado que nos distingue de las grandes urbes. En ese sentido, dentro de lo que significa no tenerlo como servicio, menos mal que hoy pasa un solo tren por día, aunque muy lento y con cereal, por suerte viene avisando desde un par de kilómetros, mínimo, lo digo debido a que los cruces peatonales son en realidad huellas que fue diseñando la gente con los años y no existe ningún tipo de segura advertencia – aseguró el Curcu -
-        Es cierto. Pero bueno, confío en sus corazonadas. Vamos a probar dos semanas, si le sirve, la exclusividad será suya, y me comprometo a que si la cosa funciona las propinas no serán su único ingreso, de acuerdo al movimiento adicionaremos una suma fija a modo de canon fijo. ¿Qué le parece? – agregó Krubescu -
-        Más a mi favor. Seguramente los días de mayor trabajo serán aquellos en donde la lluvia o el frío se hagan presentes. Yo como estrategia comercial me pondría una computadora para recibir los pedidos por correo electrónico. Usted los armaría, yo llevo y cobro. Le seguro que el triciclo es un auténtico acorazado, un blindado ligero y veloz, además no entra una gota de humedad.
-        ¿Y el teléfono? - cuestionó el rumano -
-        Descártelo. Le interrumpiría su trabajo en el local. Con el correo electrónico usted maneja los tiempos. Además no se le van a acumular a tal punto de atosigarlo. Es un pueblo de tan solo dos mil habitantes, don Krubescu.
-        Usted será entonces el que maneje la logística.
-        Lo que me deja tranquilo es que se trata de una prueba que no le saldrá un centavo - principió Pomares - 
-        Eso espero, no deseo perder capital ni clientes.

Durante las dos semanas en las cuales transcurrió el ejercicio comercial pudieron comprobar que casi todas las presunciones del Curcu se presentaban de manera textual, más allá que se añadieron imprevistos que multiplicaron sus expectativas geométricamente. Por caso el sorprendente impacto que les causó la notoria baja de clientes físicos durante los días de inestabilidad climática. De hecho el ingreso de algún parroquiano se mostró esporádico y con un nivel de compra bajo producto de la manifiesta incomodidad que significa cargar bolsas bajo esas condiciones. Al mismo tiempo, y durante esas jornadas, el triciclo de reparto y la operatoria vía correo electrónico reemplazaron literalmente lo usual y cotidiano de la atención personalizada. El usual arqueo de final del día a manos del rumano no dejaba lugar a dudas sobre el crecimiento exponencial; el cansancio del Curcu y el dolor sus piernas al final de cada jornada daban fe del asiento libro diario. No hubo necesidad de volver a litigar sobre el tema, tanto Krubescu como el Curcu arribaron a un acuerdo económico en apenas cinco minutos. Salario básico de convenio en el marco de la formalidad y un diez por ciento de las utilidades que genere cada envío, las propinas, por supuesto, eran de exclusivo gobierno del Curcu.


Le explotó el corazón, fue lo primero que afirmó el practicante al detenerse en la observación del cuerpo inerme del Curcu, a poco de arribar éste a la unidad sanitaria del pueblo, luego de ser cargado por el rumano en la parte trasera de su rastrojero. Una ahora antes y preocupado por la demora, en un ocaso exageradamente destemplado, Krubescu cerró el negocio y salió en su búsqueda ya que le llamaba mucho la atención tal circunstancia. A metros de cruzar la vía la silueta del triciclo de reparto resultaba inconfundible. Sobre ella, y a la distancia, el Curcu aparentaba estar descansando debido a que se lo podía percibir con la cabeza apoyada por sobre uno de sus brazos, y éste por encima de la cajuela en donde tenía ordenados los pedidos según su exclusiva hoja de ruta. El dinero estaba completo y conforme según los pedidos entregados, no había signos de violencia y nada hacía presumir algo por fuera de un desenlace natural. Un exceso de confianza en sus fuerzas fue la conclusión del médico de turno. El esfuerzo para subir la extensa explanada ascendente rumbo al callejero cruce del ferrocarril con un peso desmedido fue letal para el esmirriado y escasamente entrenado físico de un hombre que hizo muy poco en su vida a favor de su salud y menos aún por su tonicidad muscular. El Curcu apenas había pasado los cuarenta y cinco años pero nadie a golpe de vista podía sostener la idea. Se lo observaba como una persona muy mayor al frente de una tarea demasiado exigente. Incluso un rumor malevolente, surgido dentro del espíritu chusma del centro de jubilados de la aldea, aseguraba que el desagradable y perverso rumano Krubescu estaba aprovechándose de las necesidades de un viejo solitario, ignorante y marginal.
Algunos dicen que pocos días después de las exequias Krubescu vendió el local con la inclusión del fondo de comercio y volvió a Rumania, otros afirman que sencillamente se mudo de pueblo. La única persona que sabe la verdad, ahora indefensa, no se embellece más y está muy ocupada procurando que sus hijos no la estafen ni la internen. El triciclo de reparto, con su iconografía original, se expone detenido, sujeto con una cadena a modo de publicidad en la vereda del kiosco que Correa armó en uno de los ventanales del boliche, el mismo en donde solía asolearse el Curcu Pomares cuando la hora precisa de su culito de ginebra. Se equivocó el Curcu Pomares, nadie pregunta por la historia de tan pintoresco armatoste, porque no es necesario, todos la conocen, acaso sea el relato más narrado por los coleros, y cada uno le adiciona algo como seña personal, de hecho el nuevo propietario del mercado desde hace un año, más cordial y simpático, pero menos leal como comerciante, al enterarse de los usos y costumbres del rumano asimiló la estrategia, haciendo reparto domiciliario pero en un tricargo, una suerte de vieja  motoneta con cabina, cobrando un adicional de veinte pesos por el envío, independientemente de su volumen.  






 ... Gustavo Marcelo Sala