El escritor y su gato compartiendo soledades

El escritor y su gato compartiendo soledades
Los infiernos del escritor

sábado, 26 de diciembre de 2015

El Blues del Gato Negro de Buddy Guy y un breve texto nostálgico..








He descubierto con el dolor que incluye la experiencia que aquellos días en los que no tengo novedades suyas son incompletos, segmentos huecos plagados de paréntesis, corchetes y llaves de angustia. Mi lágrima va hacia el precipicio, llega y besa, mi lágrima es usted. De todos modos le ruego que no se exponga, el averno nos espera. Bella, sublime, así la dibujo en mi ceguera. Sigo enfrentado con mis infiernos, aún con la pereza de mi desesperanza, la esperaré… 

jueves, 24 de diciembre de 2015

…amo a las mujeres de ojos callados y bocas enrojecidas.. y un blues







…amo a las mujeres de ojos callados y bocas enrojecidas, ángeles que pierden sus tacos caminando por nuestro histórico y absurdo empedrado burgués, más luego, ataviadas, regresan al bar a la espera de esa flor nunca regalada y una redentora propuesta que jamás será anunciada…
Una de ellas me regaló hace poco unos versos que escribió en las vísperas de su entierro. Se titula Romance sin Alcohol, son apenas cinco versos que deseo compartir..

Un romance sin alcohol, una cita sin horario por un tango maltratado que pinta a plegaria y dolor.
El amor sabe a privilegio y cuando el relato amanece mis besos ya no merecen los acordes de tu voz…
Fui nostalgia y negación, fui un lienzo sin sudor y fui opulencia entre pobres y carencia sin rubor…
No puedo partir mis muertos no dan licencia, raro signo de la ausencia que no da cuenta de vos…
Atesoro mi no ser por ser una prevención, egoísmo de la nada, besos y privación...










martes, 22 de diciembre de 2015

Intento sin Retorno, el boliche del Tin, y un Blues




El descanso era su amante imposible. Entre sábanas empapadas y desencuentros, cigarrillos y calmantes, Marcelo Salgado no hallaba el modo de conquistarla. Ninfa bocetada con carbones de idealismo y texturas embebidas con elixires dotados de cualidades solo propicias dentro de paraísos inexistentes. Las fórmulas utilizadas hasta la llegada de la solución final estaban enmarcadas en las costumbres del resto de los mortales. Escribir a media luz cartas de amor que jamás serán enviadas, leer magra y cansina poesía antes de acostarse acompañado por música sacra, cenar en forma desmedida y contundente con sobradas cantidades de vino y practicar actividades físicas hasta el agotamiento. Nada surtía los efectos deseados. Marcelo no recordaba la última vez que logró dormir en forma concreta y efectiva, estableciendo una suerte de compromiso con su cuerpo, con su alma y con sus sueños. Los médicos que visitó insistían con los usuales fármacos, inútiles medicamentos que digería por obligación debido a su elevado costo.
Salgado hacía ocho años que estaba radicado en José A. Guisasola, pueblo que a fines del siglo XX había caído en las generalidades de la crisis de un mundo globalizado que poco y nada entendía que la gente debía comer, educarse, trabajar, amar, sanarse y también descansar. Ubicado en el sudoeste de la Provincia de Buenos Aires sufrió los avatares de la emigración, el precio de los granos, la concentración de la riqueza y la escasez y el olvido como políticas sociales.
En sus momentos libres, que eran muchos, Marcelo trataba de diseñar estrategias de supervivencia, tácticas que exigían de alta efectividad ya que sus días eran tan interminables como sus noches. La changa formaba parte del espantoso paisaje cotidiano en donde algún arco iris sortilegio ilustraba la postal muy de cuando en vez. Cuentan que durante el crepúsculo del 20 de octubre de 1999, estando en el boliche del Valentín García, lugar del que era habitué, comenzó a hojear una de esas revistas proclives a dar consejos básicos sobre la vida. Esas publicaciones que nos desasnan sobre banalidades, desde cómo armar un adorno navideño hasta cómo conciliar el sueño. Y allí se detuvo, en ese inciso, su título determinante y taxativo no le daba ninguna opción, la tentación hizo lo suyo ante lo evidente: Camine hasta encontrarse con el sueño… sentenciaba el copete de nota
Valentín García, el Tin, me confesó que jamás volvió a ver a Salgado. Aseguró con absoluta certeza que esa tarde-noche el hombre salió feliz y entusiasmado del boliche en dirección al paraje El Zorro dejando sobre la mesa lindera al ventanal que orienta al norte una medida de grapa a medio terminar, una carta de amor anónima con marcados tonos en sepia en cuyo encabezamiento se podía intuir el nombre de una dama de la aldea y una revista de propuestas prácticas… 






Autor GMS año 2005

martes, 15 de diciembre de 2015

Maestros del Blues MARK HUMMEL .. y un breve relato










…le cuento que lamentablemente sostengo esas caducas sensibilidades del romanticismo Inglés, le hablo de Coleridge, de Bayron, de Keats, de Shelley… y esa debilidad conmueve cualquier gesto adusto que pueda invocar. Me refiero a la pasión, cosa que el amor incluye de manera taxativa. A esta altura de mi vida me pasaba lo que a usted con relación al cuerpo. Digamos que veía la cuestión como una etapa superada, acaso se debían alinear los astros de manera evidente para que determinadas temperaturas volvieran a conmoverme. Cuando usted me respondió a la inquietud entendí que no debo volver sobre el tema y que el poeta tenía razón. Usted fue quien afectó mis planetas apenas la tuve cerca, usted fue quien mágicamente hizo que camine por mis juveniles huellas pasionales. Rastros que esconden dolorosas frustraciones. En ese sentido y como consecuencia, me lastima enormemente no haber podido corresponderle de la misma forma y que siga pensando que su cuerpo no necesita ser homenajeado. Sospecho en mi intimidad que de haber tenido yo esas virtudes vehementes usted hubiera sentido eso que tan bien me hace sentir internamente y que de buena manera me conduce por caminos que creí nunca iba a volver a transitar, desear y ser deseado hasta la enfermedad… Y le pido por favor que no se culpe por nada; usted nunca me engañó, de manera que no debe entristecerse por ninguna razón. Es probable que en breve el brillo de la pasión vuelva a recorrer su poética belleza, vaya si lo merece, y que alguien inesperado, alguien que no soy yo, recorra su tersa geografía con la plena seguridad de su dicha y satisfacción... por eso, señora mía..

… pudo ser pasajera insolente de mis distancias más cercanas, y convidada de honor de aquellas suntuosas cenas nunca terminadas. Y pudo, amor mío, deslizarse con ropas de turista por mis vírgenes paisajes, creados y reservados solo para la única, tallados para mi célebre invitada. Y si no insisto en la empresa es para no blasfemar su recuerdo, prefiero esta cruel abdicación de forma tal no retratarla indómita, esquiva e insolvente, haciendo el supremo sacrificio, tratando de entender las suertes, los destinos y mi angustia por no haberla podido embriagar…

… a desvelos de mis olvidos estimo que sus cielos se desvanecen, por propia voluntad descreo de su falsa alegría transitoria. La observo apasionada y lejana, acaso inexpresiva, sedosamente oculta tras rimas que no me pertenecen. En necedades etéreas convivo con mis inseguridades, perdones y lágrimas y soledades infinitas. La observo liviana, ligera, con las secuelas de un póstumo amor, esas maltrechas poesías descansan a pedido de su olvido sobre siniestras hojas amarillas. Me basta conocer sus descuidos, estar allí si es necesario y si usted lo demanda, me basta intuirla, comprender que en sus rondas nocturnas no estará sola…

.. porque fue vértigo y poesía, y fue callejón sin salida, y fue su cuerpo decente quien provocó estas heridas. Me siento cruel y villano, un portador de recuerdos, incipiente ser humano de nostalgias mal habidas. Quise por Dios que me amara, sé de su esfuerzo y su lucha, entiendo que su hermosura a mi lado no lucía. Pido perdón por el daño que inconsciente le causé, cegado por egoísmo perdí mi vida y mi fe. Si mi distancia desea le juro que la ha ganado, solo espero que sus ojos puedan hallar lo deseado..

… amor, siento mucho defraudarla, pero todavía no puedo. No exija que escuche lo que aún no puedo olvidar. Si cada noche sueño nuestra cama, entre brumas y sonidos de placer, entre sudores y extensiones inasibles. Mis manos inquietas continúan bocetando las sombras de su cuerpo y las sobras del mío, y están allí, a pesar de usted, en cada grieta del techo, en los suburbios, en los rincones húmedos, sobre las paredes derruidas y en las alcantarillas robadas. Amor, siento mucho defraudarla, pero todavía no puedo. Mi amistad sería una innoble y malhumorada excusa, construida con materiales de dolor, incapaz de serle útil, coloreada en blanco y negro, deshilachada y sombría. Lo siento, pero el amor no ha llegado a licenciarme, y le pido perdón, el amor sigue siendo sujeto, verbo y predicado, morada, abrigo y ausencia; verbigracia, insiste y promete…




jueves, 10 de diciembre de 2015

Egoísmo en el empedrado burgués - Relato




Egoísmo en el empedrado burgués 

Le propongo mi señora describirle los alcances del egoísmo dentro de este ámbito. Creo que dicho inciso, hablando siempre dentro de parámetros emocionales, es pensar que solo uno sufre la distancia, es no intuir que el exilio involuntario hace del que se aleja un oscuro objeto en dirección al olvido. La distancia es la misma y se sufre en ambos horizontes, pero estos incluyen dos paisajes distintos. Los siniestros desvelos provocan que las camas se mojen y se mojen las manos y se intuyan engaños y se quiera desqueriendo y se ama desamando. El espejo suele ser un sabio delator de inconsistencias, no lo dude, podemos engañar al mundo pero su cepo es infranqueable muy a pesar de los brillos y maquillajes. Siempre están allí los ojos, sendos delatores de nuestros íntimos quebrantos. Eso es lo que le sucede al egoísmo por aquí. Habla cuando sus palabras importan más que su silencio y cuando este toma cuerpo diseña barrotes, describe sombras y celdas imaginarias. Los inventarios individuales de parabienes, amarillos y tediosos se hacen presente y acusan pérdidas irreversibles, siempre a la espera de ese último regreso. Pero no quiero que se confunda, por aquí también soy visitado por otras mujeres, de todas las edades, que esperan también por aquel espectro que las saque de su rutina. Este sitio y así es mi decisión, no posee exclusividad genérica. Acaso no sean poetas de rimas sobre papel, pero nadie tiene fundamentos para negar que llevan el más ardiente de los deseos poéticos en su interior, el más codiciado néctar del amor, el don para complacer, al oscuro, al olvidado, al erudito, al santo. Mayor acto de generosidad imposible, mi señora. Puede ser un cortesano que de refinados aceites con trajes y linajes de misa luego le regale una canción, puede ser un escritor necesitado de vértigo y pasión al cual la hoja en blanco lo exacerba. Mujeres de ojos callados y bocas enrojecidas, muchas veces maltratadas, malqueridas, susceptibles del embeleso, con la premura del espanto y a la espera de un no regreso. Su tarea es fingirle al desahuciado placer, en su sombra y en su ruina, y siempre atentas aguardando por ese espectro que mansamente las secuestre de su infierno y de su soledad. Siniestramente débiles a la hora de la estaca, mágicamente firmes a la hora del canalla que impiadosamente aprovecha sus venturas para negociar una tarifa que por piedad no debería ni siquiera conversar. Las mujeres de ojos callados y bocas enrojecidas pierden sus tacos caminando por nuestro histórico y absurdo empedrado burgués, más luego, ataviadas, regresan al bar a la espera de esa flor nunca regalada y una redentora propuesta que jamás será anunciada…

Autor: G.M.S


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Algunos placebos y un blues instrumental...







Si estoy destinado a formar parte de su olvido
le solicito buenamente algunos tiernos placebos.
Por ejemplo…
que sus ojos bajen persianas a intervalos extensos
pero constantes y que atentos a los míos
no le cedan un instante al desvío.
Otro de ellos sería desafiar al simulacro
y de ese modo me tome como el amante de sus noches,
ese mismo que no soy, o soy,
pero solo en mi capricho y su silencio.
Poco importa que el café se haya entibiado
si esta idílica falacia envuelve mi cielo.
No le niego a su voluntad mi dolor,
tampoco le pido que me ampare,
solo que sepa que estoy.
Me gustaría sobrevivir entre sus sábanas,
morir y nacer,
y pedirle prestado a la muerte 
cierto instante de lujuria,
y soñar con los que nunca fue,
sin alquimistas mediante,
nada original ni extramundano,
solo abrazarla, contenerla y ceder…


viernes, 27 de noviembre de 2015

Billar, Blues y alguna blasfemia de amor en rima





No me extrañe, sigo estando…
Tanto la necesito como me necesito.
Mi boca es su boca porque la besa
y mis labios la besan porque es su boca.
No tenga miedo, llego y parto a cada instante,
porque mi tiempo es su tiempo y mi corazón su reloj.
Anule sus negras fantasías, mi vida es su vida,
y su vida es la historia y el alma de quien la enamoro.
Tampoco existe lugar para la confusión y créame
nada se compara a sus caricias,
ni ese paño verde con nubarrones de tabaco
en donde tres bolas de marfil mienten entre bandas,
y menos aún esas charlas infinitas de café
que más allá de dos Fernet
no pasan de la vereda.
Le ruego entonces un solo rato de su tiempo,
breve licencia y permiso,
sin impericias,
en pos de esos versos incompletos
con la leve intención
de poder extrañar sus besos.

Autor: GMS




lunes, 16 de noviembre de 2015

Aquellos heroicos colectiveros - Cuento - Autor: Antonio Diez “El Mayolero”







de Antonio Diez "El Mayolero"



 (¡Volantealo hermano, volantealo!)        

No siempre las líneas ferroviarias coincidían con la realidad de los pobladores de las zonas que recorrían. En mis pagos sureros, por ejemplo, existían localidades de importancia cuya comunicación con la cabecera del Partido era muy poco práctica por vía ferroviaria.
Tal el caso de Orense, San Francisco de Bellocq y Copetonas ubicadas sobre la vieja “línea de la costa” (Ramal Defferrari-Dorrego) con Tres Arroyos. En el Partido de González Chaves era el caso de De la Garma y Juan E. Barra con la cabecera.
Así heroicos emprendedores del transporte de pasajeros vieron lo que hoy se llamaría “el nicho del mercado” y tomando la tradición de las viejas galeras, (algunos de ellos sucesores directos de los galeristas) iniciaron el transporte de pasajeros entre las localidades y las cabeceras.
Todas ellas tenían una característica común; salían de la localidad por la mañana temprano, hacia la cabecera de distrito, y regresaban por la tarde, sobre el fin del horario comercial.
Los caminos: de tierra y gracias. (Estoy hablando de las décadas de los ’30 y 40 del siglo pasado). En verano polvaderas, en invierno barriales y pantanos.
Los vehículos, camiones originariamente, carrozados y con algunos asientos, generalmente ya baqueteados en servicios urbanos en las grandes ciudades, trajinaban esos caminos.
“La Primera Dorreguense” a Copetonas y Oriente, “Funes y Lencinas” a Orense (luego Yanacone), “La Victoria” y “Detroit” a San Francisco y Claromecó, “Fucile” y luego “La Estrella del Sud” a San Mayol, Ochandio y San Cayetano, y la que será sujeto de estos recuerdos “Corradini Hermanos” desde De La Garma a González Chaves.
A los inconvenientes ya citados de los caminos, y los trajinados colectivos, en épocas de la 2ª Guerra Mundial se sumó la escasez (o directamente inexistencia) de neumáticos y repuestos. Lo de los repuestos más o menos se iba piloteando con el ingenio y la creatividad de los mecánicos de pueblo, pero los neumáticos eran un insumo crítico.
También aquí el ingenio y la creatividad hicieron su aporte, con el recauchutado, pero tenía una limitante que era el propio casco del neumático, que entonces era de telas de algodón. Finalmente el casco comenzaba a ceder hacia algún lado, y se producía el reventón. Aquí el ingenio de los gomeros desarrolló el “manchón” que era un refuerzo que se colocaba entre la cámara y el neumático cubriendo la parte dañada. Soluciones de emergencia que permitían cubrir el servicio diario entre cabeceras.
Para facilitar el manejo en los caminos de tierra, y el ocasional barro, se usaban con ruedas traseras simples, llevando las duales como auxiliares en soportes ad-hoc sobre el paragolpes trasero.
Sobre el techo de la unidad, un emparrillado hacía de portaequipajes, y al mismo tiempo llevaba alguna otra rueda armada por si acaso.
Los Hermanos Corradini eran dos, conocidos por “El casado” y “El Soltero”. El soltero era el chofer y el casado el guarda, que viajaba parado en el escalón.
El casado era el encargado de hacer el reparto de paquetes y comisiones. Sus conocimientos de manejo eran bastante precarios, pero se las arreglaba.
Una mañana, haciendo el reparto, en una conversación de gomería escuchó un par de camioneros que comentaban un reventón de un neumático delantero…. “¿Y no volcaste?” dijo uno, y el otro contestó “¡¡¡¡Nooo!!! “¡Gracias que lo volantíe lo pude tener!”. El Casado paró la oreja, y mentalmente tomó nota. “En caso de reventar una goma, hay que volantearlo….”
Fines de diciembre; calor agobiante, a las 5 de la tarde salían para De la Garma. Nada de viento, pocos días antes había llovido, y al centro del camino los huellones, ya secos daban testimonio del tráfico entre el barro, pero ya se podía circular por la orilla donde estaba más parejo. El colectivo, un baqueteado Chevrolet 1934 iba con pasaje completo, inclusive varios pasajeros parados, marchaba a su velocidad de crucero (35 Kph). Sol en contra, tierra suelta, el soltero lo llevaba como podía, cuando de pronto se sintió un estallido. El casado recordó lo aprendido e inmediatamente gritó “¡Una goma!”, “¡Volantealo hermano Volantealo!”. El otro sin analizar mucho la pertinencia del consejo, sacó el pie del acelerador, y comenzó a volantear…..
De pronto, en esos volanteos, mordió el huellón seco, y ahí sí que se armó. El chevrolecito como en cámara lenta se fue inclinando y volcó.
Mujeres que gritaban, chicos que lloraban, un verdadero pandemónium, hasta que fueron evacuando la unidad. Afortunadamente nadie resultó herido, y con la ayuda de los hombres del pasaje pusieron el colectivo nuevamente sobre sus ruedas.
Entonces se dispusieron a reemplazar el neumático reventado, pero para su sorpresa, se encontraron con las cuatro ruedas en orden. ¿Qué había sucedido? Una de las auxiliares, la más deteriorada, que estaba sobre el techo y ahora yacía cerca del alambrado, floja de manchones y con el calor que había elevado la presión, había reventado solita nomás….
Años después vendría el asfalto, y con el asfalto las empresas más grandes fueron desplazando a aquellos heroicos colectiveros que hicieron historia, a veces risueña pero que abrieron los caminos al transporte de pasajeros en lugares donde realmente el servicio se necesitaba.

Antonio (El Mayolero)



jueves, 12 de noviembre de 2015

Un soneto y un blues... los dos hacen a la tarde....




Soneto de la Lágrima

Una lágrima, mezquina y atrevida,
porfiada, teme apenas sostenerse
improvisa senderos sin moverse
de su cauce en tu ruta dolorida

desanda la cosmética partida
reside su congoja por saberse
compañera tajante al detenerse
entusiasta por males de crecida.

Es enigma de una gota sometida
ofrenda por quebrarse, por perderse,
sepultura versada y corrompida

quebranto, magro duelo y bienvenida
inasible paisaje sin mecerse
atrevido tormento de la vida.



Autor GMS








martes, 3 de noviembre de 2015

Si no lo entendés políticamente, el arte te lo explica





Durante estos últimos 4 años he publicado este maravilloso cuento político de Giovanni Papini en varias oportunidades a favor de ciertas observaciones políticas y sociales que venía realizando. Estamos a punto de realizar una pésima operación, y nadie nos está forzando, estamos en democracia, nosotros somos los que decidimos…


La compra de la República
Giovanni Papini



En este mes he comprado una República. Capricho costoso que no tendrá continuaciones. Era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo y del que he querido librarme. Me imaginaba que eso de ser el amo de un país daba más gusto. La ocasión era buena y el negocio quedó concluido en pocos días. Al presidente le llegaba el agua hasta el cuello: su ministerio, compuesto por paniaguados suyos, estaba en peligro. Las arcas de la República estaban vacías; imponer nuevos impuestos hubiera sido la señal para el derrocamiento de todo el clan que asumía el poder, tal vez de una revolución. Ya había un general que armaba bandas de rebeldes y prometía cargos y empleos al primero que llegaba. Un agente norteamericano que estaba allí me advirtió. El ministro de Hacienda corrió a Nueva York: en cuatro días nos pusimos de acuerdo. Anticipé algunos millones de dólares a la República y además asigné al presidente, a todos los ministros y a sus secretarios unos estipendios dobles que los que recibían del Estado. Me han dado en prenda -sin que lo sepa el pueblo- las aduanas y los monopolios. Además, el presidente y los ministros han firmado un convenio secreto que, prácticamente, me da el control sobre toda la vida de la República. Aunque yo parezca, cuando voy allí, un simple huésped de paso, soy, en realidad, el amo casi absoluto del país. En estos días he tenido que dar una nueva subvención, bastante fuerte, para la renovación del material del ejército y me he asegurado, a cambio de ello, nuevos privilegios. El espectáculo, para mí, es bastante divertido. Las cámaras continúan legislando, en apariencia libremente; los ciudadanos siguen imaginándose que la República es autónoma e independiente y que de su voluntad depende el curso de los acontecimientos. No saben que todo lo que ellos creen poseer -vida, bienes, derechos civiles- penden, en última instancia, de un extranjero desconocido para ellos, es decir, de mí. Mañana puedo ordenar la clausura del Parlamento, una reforma de la Constitución, el aumento de las tarifas de aduanas, la expulsión de los inmigrantes. Podría, si quisiese, revelar los acuerdos secretos de la camarilla ahora dominante y derribar con ello al Gobierno, desde el presidente hasta el último secretario. No me sería imposible empujar al país que tengo en mis manos a declarar la guerra a una de las repúblicas limítrofes. Este poder oculto, pero ilimitado, me ha hecho pasar algunas horas agradables. Sufrir todas las molestias y servidumbre de la comedia política es una fatiga tremenda; pero ser el titiritero que, tras el telón, puede solazarse tirando de los hilos de los fantoches obedientes a sus movimientos es un oficio voluptuoso. Mi desprecio por los hombres encuentra aquí un sabroso alimento y miles de confirmaciones. Yo no soy más que el rey de incógnito de una pequeña República en desorden, pero la facilidad con que he conseguido adueñármela y el evidente interés de todos los enterados en conservar el secreto, me hace pensar que otras naciones, y bastante más grandes e importantes que mi República, viven, sin darse cuenta, bajo una análoga dependencia de misteriosos soberanos extranjeros. Siendo necesario mucho más dinero para su adquisición, se tratará, en vez de un solo dueño, como en mi caso, de un trust, de un sindicato de negocios, de un grupo restringido de capitalistas o de banqueros. Pero tengo fundadas sospechas de que otros países son efectivamente gobernados por pequeños comités de reyes invisibles, conocidos solamente por sus hombres de confianza, que continúan representando con naturalidad el papel de jefes legítimos.

martes, 20 de octubre de 2015

El Terrible Anciano de H.P. Lovecraft







Fue la idea de Ángelo Ricci, Joe Czanek y Manuel Silva hacer una visita al Terrible Anciano. El anciano vive a solas en una casa muy antigua de la Calle Walter, próxima al mar, y se le conoce por ser un hombre extraordinariamente rico a la vez que por tener una salud extremadamente delicada... lo cual constituye un atractivo señuelo para hombres de la profesión de los señores Ricci, Czanek y Silva, pues su profesión era nada menos digno que el latrocinio de lo ajeno.
Los vecinos de Kingsport dicen y piensan muchas cosas acerca del Terrible Anciano, cosas que, generalmente, lo protegen de las atenciones de caballeros como el señor Ricci y sus colegas, a pesar de la casi absoluta certidumbre de que oculta una fortuna de incierta magnitud en algún rincón de su enmohecida y venerable mansión. En verdad, es una persona muy extraña, que al parecer fue capitán de veleros de las Indias Orientales en su día. Es tan viejo que nadie recuerda cuándo fue joven, y tan taciturno que pocos saben su verdadero nombre. Entre los nudosos árboles del jardín delantero de su vieja y nada descuidada residencia conserva una extraña colección de grandes piedras, singularmente agrupadas y pintadas de forma que semejan los ídolos de algún lóbrego templo oriental. Semejante colección ahuyenta a la mayoría de los chiquillos que gustan burlarse de su barba y cabello, largos y canosos, o romper las ventanas de pequeño marco de su vivienda con diabólicos proyectiles. Pero hay otras cosas que atemorizan a las gentes mayores y de talante curioso que en ocasiones se acercan a hurtadillas hasta la casa para escudriñar el interior a través de las vidrieras cubiertas de polvo. Estas gentes dicen que sobre la mesa de una desnuda habitación del piso bajo hay muchas botellas raras, cada una de las cuales tiene en su interior un trocito de plomo suspendido de una cuerda, como si fuese un péndulo. Y dicen que el Terrible Anciano habla a las botellas, llamándolas por nombres tales como Jack, Cara Cortada, Tom el Largo, Joe el Español, Peters y Mate Ellis, y que siempre que habla a una botella el pendulito de plomo que lleva dentro emite unas vibraciones precisas a modo de respuesta. A quienes han visto al alto y enjuto Terrible Anciano en una de esas singulares conversaciones, no se les ocurre volver a verlo más. Pero Ángelo Ricci, Joe Czanek y Manuel Silva no eran naturales de Kingsport. Pertenecían a esa nueva y heterogénea estirpe extranjera que queda al margen del atractivo círculo de la vida y tradiciones de Nueva Inglaterra, y no vieron en el Terrible Anciano otra cosa que un viejo achacoso y prácticamente indefenso, que no podía andar sin la ayuda de su nudoso cayado, y cuyas escuálidas y endebles manos temblaban de modo harto lastimoso. A su manera, se compadecían mucho del solitario e impopular anciano, a quien todos rehuían y a quien no había perro que no ladrase con especial virulencia. Pero los negocios, y, para un ladrón entregado de lleno a su profesión, siempre es tentador y provocativo un anciano de salud enfermiza que no tiene cuenta abierta en el banco, y que para subvenir a sus escasas necesidades paga en la tienda del pueblo con oro y plata españoles acuñados dos siglos atrás.
Los señores Ricci, Czanek y Silva eligieron la noche del once de abril para efectuar su visita. El señor Ricci y el señor Silva se encargarían de hablar con el pobre y anciano caballero, mientras el señor Czanek se quedaba esperándolos a los dos y a su presumible cargamento metálico en un coche cubierto, en la Calle Ship, junto a la verja del alto muro posterior de la finca de su anfitrión. El deseo de eludir explicaciones innecesarias en caso de una aparición inesperada de la policía aceleró los planes para una huida sin apuros y sin alharacas.
Tal como lo habían proyectado, los tres aventureros se pusieron manos a la obra por separado con objeto de evitar cualquier malintencionada sospecha a posteriori. Los señores Ricci y Silva se encontraron en la Calle Walter junto a la puerta de entrada de la casa del anciano, y aunque no les gustó cómo se reflejaba la luna en las piedras pintadas que se veían por entre las ramas en flor de los retorcidos árboles, tenían cosas en qué pensar más importantes que dejar volar su imaginación con manidas supersticiones. Temían que fuese una tarea desagradable hacerle soltar la lengua al Terrible Anciano para averiguar el paradero de su oro y plata, pues los viejos lobos marinos son particularmente testarudos y perversos. En cualquier caso, se trataba de alguien muy anciano y endeble, y ellos eran dos personas que iban a visitarlo. Los señores Ricci y Silva eran expertos en el arte de volver volubles a los tercos, y los gritos de un débil y más que venerable anciano no son difíciles de sofocar. Así que se acercaron hasta la única ventana alumbrada y escucharon cómo el Terrible Anciano hablaba en tono infantil a sus botellas con péndulos. Se pusieron sendas máscaras y llamaron con delicadeza en la descolorida puerta de roble.
La espera le pareció muy larga al señor Czanek, que se agitaba inquieto en el coche aparcado junto a la verja posterior de la casa del Terrible Anciano, en la Calle Ship. Era una persona más impresionable de lo normal, y no le gustaron nada los espantosos gritos que había oído en la mansión momentos antes de la hora fijada para iniciar la operación. ¿No les había dicho a sus compañeros que trataran con el mayor cuidado al pobre y viejo lobo de mar? Presa de los nervios observaba la estrecha puerta de roble en el alto muro de piedra cubierto de hiedra. No cesaba de consultar el reloj, y se preguntaba por los motivos del retraso. ¿Habría muerto el anciano antes de revelar dónde se ocultaba el tesoro, y habría sido necesario proceder a un registro completo? Al señor Czanek no le gustaba esperar tanto a oscuras en semejante lugar. Al poco, llegó hasta él el ruido de unas ligeras pisadas o golpes en el paseo que había dentro de la finca, oyó cómo alguien manoseaba desmañadamente, aunque con suavidad, en el herrumbroso pastillo, y vio cómo se abría la pesada puerta. Y al pálido resplandor del único y mortecino farol que alumbraba la calle aguzó la vista en un intento por comprobar qué habían sacado sus compañeros de aquella siniestra mansión que se vislumbraba tan cerca. Pero no vio lo que esperaba. Allí no estaban ni por asomo sus compañeros, sino el Terrible Anciano que se apoyaba con aire tranquilo en su nudoso cayado y sonreía malignamente. El señor Czanek no se había fijado hasta entonces en el color de los ojos de aquel hombre; ahora podía ver que era amarillos.
Las pequeñas cosas producen grandes conmociones en las ciudades provincianas. Tal es el motivo de que los vecinos de Kingsport hablasen a lo largo de toda aquella primavera y el verano siguiente de los tres cuerpos sin identificar, horriblemente mutilados -como si hubieran recibido múltiples cuchilladas- y horriblemente triturados -como si hubieran sido objeto de las pisadas de muchas botas despiadadas- que la marea arrojó a tierra. Y algunos hasta hablaron de cosas tan triviales como el coche abandonado que se encontró en la Calle Ship, o de ciertos gritos harto inhumanos, probablemente de un animal extraviado o de un pájaro inmigrante, escuchados durante la noche por los vecinos que no podían conciliar el sueño. Pero el Terrible Anciano no prestaba la menor atención a los chismes que corrían por el pacífico pueblo. Era reservado por naturaleza, y cuando se es anciano y se tiene una salud delicada la reserva es doblemente marcada. Además, un lobo marino tan anciano debe haber presenciado multitud de cosas mucho más emocionantes en los lejanos días de su ya casi olvidada juventud.



martes, 6 de octubre de 2015

Rencor: inciso y soledad



Prospera y me culmina, lo fortifico con alimentos baladíes, lo cuido, lo acaricio, impermeable a los sentidos me percibo humano; en ocasiones exagera, me trasvasa y me transporta, se levanta pétreo, poderoso, indomesticable y perezoso. Es mi pecado y mi juego; popa, babor y eslora de un antiguo galeón que cruza tempestades marginales, acaso imaginarias, mares rociados con sales de desdichas y amenazas. Sus ropajes tientan con suntuosa brillantez a mi hondo vulnerable, a mi austero conviviente, al híbrido, al ciego, al ocaso y al perdido, mercader de la angustia con pretexto de verdad, y tizonas con aristas de heroísmo. En ocasiones lo he repudiado, debo reconocerlo,...por favor, que no se entere: Fui feliz. Otro monstruo suele ocupar su lugar, igual de poderoso, incisivo e inquisidor, más doliente, más verdad... Del amor se trata: engendro ausente de pleamar, ignorante de perezas, desprovisto de pompa y boato. Disfrutar de sus alas, de su recorrido, vagar en dirección hacia lo inerme, hacia la suprema libertad de una grácil derrota. Pero a decir de Plotino: Un amor insatisfecho se transforma en rabia de modo que la iracundia retorna brillante y tentadora, plagio y soberbia del endeble que soy... tramoyista de desdichas y amenazas, militante de aciagos mares rociados con sales de rencor.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Último café



Una ojera de humedad
y a sus linderos
el amorío de las telarañas,
ambas sospechas delatan que la cripta
se apropió de mis instancias
al momento que el rumor de la puerta
anunciara tu partida.
Nuestra compartida taza de café
con señales carmesí
fue tu texto despedida.
El vaho del espejo insinuó en cursiva:
llovizna desierta,
prendas ruinosas y olvidables,
incipiente nostalgia.
Pétalos que armonizan
 y un sol quilate que nubla
mientras las espinas diamante oscilan
por entre la cortina americana.
Lágrimas oxidadas, oxidables,
aferradas a recuerdos,
 ecuménica condición
que le da respuesta
a la penitencia eterna.
Los colectivos y los bares
hacen su rutina
y en los hoteles de paso
las chicas siguen anhelando
por un retiro que nunca
llegará a sus suburbios.
Te paseas
entre mis treguas y errores
fronteras de un barrio
albergado por sombras
que inhabitan
 a sus cuerpos propietarios,
hechuras difusas que utilizaron
tu misma fórmula de escape:
Sin aviso mediante,
con la ausencia del beso mal oliente,
con la ignorancia
de las mañanas precarias,
sin el compromiso
de mirarse a los ojos
y descubrirse ruin,
saboreando en soledad
acaso el último café:
amargo, opaco, suicida...
demasiado último
como para no detenerse
en la lectura de su borra.

Gustavo M. Sala

lunes, 7 de septiembre de 2015

Ensayo - Inundaciones, factores concurrentes por Antonio Diez "El Mayolero"




Inundaciones, Factores concurrentes

Por Antonio Diez, El Mayolero


I


Florentino Ameghino

Hace unos 120 años atrás, Florentino Ameghino, un Sr. que sabía (y sabía mucho) alertaba sobre el manejo del agua en la Pampa Húmeda. Recién terminada la llamada "Conquista del Desierto", la economía argentina se reacomodaba a nuevas realidades.


Se diseñaba una producción granaria y ganadera a medida de los requerimientos de una Inglaterra, que con su vocación Imperial, y el concurso ideal de una oligarquía naciente, el reparto de las potencialidades productivas de nuestra Pampa Húmeda, pasaba por la mensura y subdivisión de las tierras conquistadas, y su consolidación registral, para poblarlas de inmigrantes que las hicieran "rendir".


Ambas actividades (la agrícola y la ganadera) son viables mediante la concurrencia de tres factores principales, a saber: la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua en el momento necesario, y el esfuerzo humano que coordine los dos primeros factores adecuadamente.


Ameghino (que había nacido en Lujan)  había observado la irregularidad de las lluvias que cíclicamente o bien escaseaban, o bien excedían las necesidades de la actividad agrícola ganadera. Y muy criteriosamente aconsejaba retener los excedentes para ser utilizados en épocas de escasez.

Claro, esto implicaba que necesariamente deberían ser utilizadas superficies de campos como depósitos de las lluvias excedentes, cosa que entraba en colisión con el interés de los propietarios de esos campos, que como además eran los que tenían la manija (o sea el poder), movieron los sutiles piolines que tenían en sus manos, y las alocadas teorías de don Florentino pasaron sin mayor trascendencia, aunque como era un tipo muy reconocido por su trabajo científico, se lo confinó a sus investigaciones y descubrimientos paleontológicos, borrando cuidadosamente el hilo conductor que unía esas investigaciones y descubrimientos, con la realidad de los ciclos climáticos de la Pampa Húmeda.


Quienes ya atesoramos una buena cantidad de años, y memoria, recordamos a nuestros abuelos chacareros hablar de dos desastres naturales. "El año de la epidemia" y el "año de la inundación".


El "año de la epidemia" fue allá por 1912/13 con una sequía, que provocó la muerte por hambre de una considerable parte de la existencia vacuna de aquel entonces, y el "año de la inundación" 1914, en que la mayoría de la Provincia de Buenos Aires sufrió lluvias ininterrumpidas que provocaron el aislamiento de muchos lugares. Líneas ferroviarias arrasadas como podemos ver en el libro de William Rögind "Historia del Ferrocarril Sud" o "Mi vida de Ferroviario Ingles en la Argentina" (1887-1947) de Arturo Coleman, rompieron con el mito de "que los Ingleses sabían hacer Ferrocarriles, ya que los terraplenes no se inundaban", algo que merecería integrar el "Manual de Zonceras Argentinas".


Cuando uno se mete un poco a investigar en las estadísticas del Servicio Meteorológico Nacional, en sus registros pluviométricos, ve claramente como los ciclos se van siguiendo unos a otros, cosa de la que Ameghino no disponía, pero intuía por sus investigaciones paleontológicas, aunque nada supiera del fenómeno de "El Niño" o de "La Niña", de los que recién se empezó a hablar cuando las inundaciones de 1980 en adelante. Lógico: la ciencia fue avanzando y permitió acceder a informaciones más completas, que entre otras cosas confirmaron la sabiduría de Ameghino.

Por eso, nada nuevo está sucediendo, que no haya sido advertido con la suficiente anticipación para que nos andemos haciendo los sorprendidos.


Solo que el hombre (y la "ambición" de la plata como decía un gallego amigo de mi padre) fue interviniendo y en la mayoría de los casos fue agravando con medidas y obras cortoplacistas, estos datos de la realidad.


Seguiremos esta relación, tratando de serenar un poco las pasiones (tarea difícil si las hay en estos tiempos preelectorales) y ver si podemos razonar un poco, apagando el televisor.



II



Ruinas del Molino Mayoles (Tres Arroyos)


Desde que el hombre se hizo sedentario, (gracias a la Ruinasagricultura) siempre se afincó en cercanías de cursos de agua que abastecían sus necesidades. Por agua se hacía el comercio, por agua llegó Colón, por agua llegaron nuestros abuelos. Los puertos empezaron a concentrar las mayores acumulaciones de población.


En nuestro caso, los excedentes inmigratorios europeos se fueron concentrando en los puertos principales, o sea Buenos Aires, Rosario. Los inmigrantes traían un sueño; el techo propio, y escasos de medios fueron comprando "el terrensito" donde con esfuerzo iban levantando sus viviendas. Esto fue hecho sin planificación alguna, ni previsiones de ninguna especie para beneficio de especuladores y propietarios de extensiones inundables, que hicieron su negocio a costa de la necesidad.


En muchas partes, la incipiente industrialización, utilizó la fuerza motriz hidráulica, haciendo tajamares para aprovechar los cursos de agua. Rebuscando un poco en la historia de nuestros pueblos encontraremos muchos ejemplos de Molinos Harineros "motorizados" por fuerza hidráulica. Soy Mayolero, Tresarroyense para más datos, y el cultivo de trigo en nuestra zona (hoy por sobrada importancia Sede de la Fiesta Provincial del Trigo) comenzó en la última década del siglo 19, de la mano de Don Felix Mayolas en 1890, que además trajo los primeros inmigrantes agricultores, y la primera trilladora. 
Ver acá.





También sobre el ahora meneado Rio Lujan, en Jáuregui, Flandria montó una industria textil que en un principio funcionó con fuerza hidráulica, lo que necesariamente implicó la construcción de un tajamar, que frenaba el escurrimiento natural de las aguas. Y así en Rojas, Salto, Arrecifes se hicieron obras similares, sin mayor estudio ni planificación. Los restos de esas obras son fácilmente ubicables, y si bien las industrias que les dieron origen hace mucho que desaparecieron, restos de los tajamares y otras obras que alteran el curso normal aún persisten, y complican más la cosa.


Constitucionalmente hablando, los cursos de agua están sometidos a la jurisdicción provincial, por lo que las Provincias son la autoridad de regulación de su uso, pero.... Muchas veces se encontraron ante hechos consumados, que generaban importantes fuentes de trabajo, lo que sumado a otros intereses económicos complicaba la solución de problemas concretos.


Hay un trabajo muy interesante emanado de las XXIV Jornadas de Historia Económica realizado en Rosario en Octubre de 2014 
cuyo texto se puede encontrar acá.,



algo extenso, pero muy ilustrativo de los manejos y vaivenes económicos y políticos del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires desde 1910 a 1930 sobre el manejo de las obras de saneamiento de cuencas. Vale la pena leerlo, para comprobar que inevitablemente fracasaron los intentos de soluciones racionales y abarcativas del problema en su conjunto, y solo se hicieron obras que eran puntuales soluciones a los amigos del poder de turno. O sea que hay cosas que ya hace muchos años que están inventadas....

Y como el agua sigue corriendo, seguiremos....



III





De por sí, la naturaleza tiene sus complicaciones, que ella solita ha ido manejando a través de las distintas eras, hasta que entre otras cosas, apreció el hombre, que si bien en un principio convivió con ella, luego, como hemos venido viendo, se puso a ver como la podía modificar en su provecho. Desarrolló la agricultura, de a poquito, lo que al relevarlo un poco de la diaria tarea de proveerse el sustento, y como le quedaba más tiempo libre, se puso a domesticar algunos animales, y por así decirlo, "inventó" la ganadería, que también le alivió la dura tarea de la caza.


De ahí a intercambiar sus productos con otros grupos había solo un pasito, y se sentaron las primeras bases del comercio. Pero el comercio requería llevar productos de un lado a otro, con lo que apareció el transporte.


Mientras tanto, a veces llovía, y mucho, y los ríos y arroyos de nuestra Pampa Húmeda cubrían grandes superficies, sin que a nadie pareciera resultarle dramático; cuanto más molesto para los pocos habitantes de las zonas inundables, que como eran originarios del lugar por milenios, ya lo tenían asimilado, y sabían donde asentarse y donde no.


Cuando por circunstancias que ya apuntamos en el primer posteo de la serie, las tierras se subdividieron, y se registraron dominialmente, los beneficiarios de esos hechos lo hicieron con concretos intereses económicos, que periódicamente entraban en colisión con lluvias y sequías, que la porfiada naturaleza seguía mandando alternativamente.


Y de yapa, la necesidad del transporte de los productos de la tierra, trajo el ferrocarril, que por sus características hace necesario el trazado de sus vías "suavizando" por así decirlo las irregularidades del terreno. ¿Hay un bajo? Levantamos un terraplén, y por las dudas en la parte más baja ponemos una alcantarilla. ¿Hay un arroyo?, hacemos un puente. ¿Hay una loma? Hacemos un corte.


Al poco tiempo resultó que ante la aparición de lluvias torrenciales, las alcantarillas no daban abasto, al igual que los puentes, y las aguas se llevaban todo, junto con parte de los terraplenes. Hay un mito generalizado, que como todos los mitos tiene sus refutaciones. "Los Ingleses sabían hacer ferrocarriles, ya que sus vías nunca se inundan". Ese es el mito.

Cuando uno se pone a estudiar un poco el tema (sin mayores pretensiones, solo para tener una idea un poco menos superficial) se encuentra con buena bibliografía al respecto. La "Historia del Ferrocarril Sud" de William Rögind da cuenta de los desastres sufridos por la Empresa, precisamente por las inundaciones, y uno llega a la conclusión de que a fuerza de "prueba y error" lograron reacomodar los tantos y rehacer sus trazados, no sin largos pleitos entre la Empresa y el Estado, ya que el Estado sostenía que los Ingleses en tren de minimizar costos, habían hecho alcantarillas y puentes más chicos de lo que era lo convenido, por ejemplo. Intimación y demanda va, cautelar viene (no hay nada nuevo bajo el sol de estas Pampas) finalmente fue el Estado el que tuvo que hacerse cargo de subsidiar a la Empresa, para que cumpliera con el contrato y las obras que ésta se había comprometido a hacer. Sin mayores inconvenientes ya que la misma Empresa "gentilmente" (de puro gaucho que era) gestionó un empréstito en Londres, para financiar las obras.


Y ahí tenemos entonces otro de los factores concurrentes, la traza ferroviaria, de la que no podemos prescindir....

Seguiremos



IV



Canal 5 Mar Chiquita


En la medida que uno se va metiendo mas en el tema, va encontrando datos concretos que sustentan la variabilidad del clima (lluvias-sequias) que periódicamente complican la vida de los "pampahumedanos". Obviamente, las inundaciones, por los hechos anteriormente descriptos, al afectar zonas urbanas densamente pobladas, "pegan" mas periodísticamente hablando. Siempre "garpa" mas una foto de tapa con chicos en un refugio, y una mujer llorando, y más en tiempos preelectorales, que una foto de hacienda flaca de hambre buscando una aguada...


Elementos hay suficientes para formarse un criterio, por ejemplo 
aca,




y este solo es uno de los incontables que podemos encontrar a poco que busquemos en google, y dejemos las tapas de los diarios, y apaguemos un rato la tele.


Y como hemos dicho, esto viene desde hace 125 años por lo menos, en que Florentino Ameghino comenzó  a hacer conocer sus conclusiones y también sus consejos para  paliar los efectos. Muchos gobiernos nacionales, provinciales y municipales se han sucedido en estos 125 años. TODOS sin excluir ninguno de ellos, han tenido su cuota de responsabilidad, en cuanto a lo que desde sus potestades correspondió. Y todos los "pampahumedanos" también, unos mas y otros menos, por acción u omisión como ciudadanos también. No nos hagamos los impolutos.


Los Gobiernos municipales, habilitando el loteo, y la construcción en lugares sabidamente inundables, o de complicado drenaje, para beneficio de amigos propietarios de esas zonas desvalorizadas. Para la gente más joven mencionar a Luchetti, Kan-Mar, Cacuri, Vinelli, no significan nada. Sin embargo desde mediados de la década del ´30, los '40 y hasta fines del los '50, produjeron un boom inmobiliario en el conurbano, loteando y vendiendo terrenos, que las respectivas Municipalidades sabían inundables. El desarrollo de una industria sustitutiva de importaciones se dio alrededor de los grandes centros urbanos, por variadas razones, una de las principales la disponibilidad de energía eléctrica, ya que las grandes generadoras y distribuidoras estaban establecidas allí, donde tenían un mercado seguro.

Recién en la década de los 40 con la creación de Agua y Energía, se comenzó a modificar la matriz energética, tal como los gobiernos Radicales de Amadeo Sabattini en Córdoba habían hecho con la construcción de obras de aprovechamiento hidroeléctrico, sobre las cuales se pudo asentar la Cordoba industrial. Eso sucedió ADLC del Radicalismo (ADLC=Antes De La Castración).


Los intereses de los terratenientes siempre tuvieron un peso preponderante en el manejo hídrico de la Pampa Húmeda. Las disidencias entre el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires José Camilo Crotto, y el Presidente de la Nación Hipólito Yrigoyen por las canalizaciones en la Provincia, y su forma de financiación (un incremento en el Impuesto Inmobiliario para aquellos propietarios que se verían beneficiados por el avenamiento de sus tierras, y consecuente aumento de la productividad, a lo que Crotto se negaba ya que el era uno de los beneficiados) redundó en la formación de la UCR Antipersonalista. Yrigoyen mismo, que pese a las plañideras manifestaciones de algunos Radicales sobre su pobreza franciscana, también tenía campos (tres estancias supo tener al mismo tiempo, agreguemos en su descargo que las fue perdiendo por su actividad política) y sabía bien como era el asunto.


Y cuando llegaban los períodos de sequía, "llovían" los pedidos de subsidios de los ganaderos para paliar sus efectos (nada nuevo bajo los soles Pampeanos).


Hay muchas responsabilidades compartidas como para que nos andemos mirando de reojo y culpando los unos a los otros. Y de última, hace 125 años que venimos haciendo lo mismo y no ha solucionado nada.


Mañana veremos si nos metemos en los acontecimientos más cercanos, a partir de la sequía del ´51/'52 y su correlato con el período que comienza a partir de 1980, y aún estamos padeciendo.



V


Imagen de la sequía de los años 50 Pampa Húmeda



Las cíclicas sequías e inundaciones no son patrimonio exclusivo de nuestras Pampas. Aquejan por igual a las Grandes Planicies estadounidenses que a nuestra Pampa Húmeda. Hoy día hemos avanzado en descubrir el porqué de tales comportamientos climáticos, y están precisamente centrados en el comportamiento de las corrientes marinas en el Océano Pacífico. Aquello que nuestro Ameghino había descubierto analizando capas geológicas en la barrancas del Rio Luján, fue corroborado y hoy los conocemos como los fenómenos de "El Niño" y "La Niña". Bastante revoltosos estos niñitos...

La década de '30 fue caracterizada por un prolongado período de sequías, que en el caso de los EEUU llegó a la literatura de la mano de un maestro de la pluma como John Steinbeck en "Viñas de Ira" posteriormente llevada al cine con la dirección de John Ford, y el protagonismo de un joven Henry Fonda. 
Ver acá. y acá. 




En la segunda referencia, encontramos reproducida en los EEUU y en la misma época, el fenómeno que produjo la despoblación de la Provincia de La Pampa (entonces Territorio Nacional) La voladura de campos se transformó en un desastre de proporciones. Recuerdo a mis padres hablar de que días y días, en la zona de San Mayol (Tres Arroyos)al soplar vientos del oeste "el cielo estaba marrón" por la tierra que volaba. En la zona del sudeste de la Provincia de Buenos Aires no fue tan acentuada la sequía pero las voladuras llegaban hasta allí.


Recomiendo especialmente este documento 
aca,




que ilustra muy bien lo sucedido en aquellos tiempos. A falta de un John Ford auténtico, tenemos este pequeño documental sobre la sequía en La Pampa, donde a una manera muy "nâif" se pintan escenas de aquellos tiempos y se pueden ver los médanos que se formaron. Ver acá el documental.




Los médanos avanzaron hasta 9 de julio, bien adentro de la Provincia de Buenos Aires, se secaron las lagunas conocidas por "Las Encadenadas" (Guaminí) origen de la cuenca del Aº Vallimanca, tributario del Rio Salado, y hasta el curso de este Río se interrumpió en algunos tramos.

Esta sequía tuvo un efecto colateral; muchos de los arrendatarios de La Pampa emprendieron un viaje comparable al descripto por Steinbeck, que los llevó a poblar colonias en el Chaco. Otros fueron a integrar los crecientes pobladores del conurbano.


Ese ciclo de sequías se fue atenuando sobre el fin de la década de los '30, para retornar algo mas atenuado a principios de los años '50, siendo recordada la sequía de 1951/1952 que redujo drásticamente la producción triguera, haciendo necesaria la adición de un porcentaje de harina de mijo para dar suficiente volumen de harina para el consumo. Como ya existía el peronismo, había a quien culpar del desastre natural, y entonces aquella sequia fue "culpa de Perón".... Una de las consecuencias de ese período fue la tremenda baja del nivel del Lago Epecuén ((Carhue) que arrastro a una desafortunada modificación de la naturaleza por mano del hombre, con resultados desastrosos. 




Una clara explicación de que no es cuestión de ponerse a hacer canales, drenajes, y desvíos de aguas por requerimientos económicos muy puntuales sin atender a los que saben del tema. Hacemos un canal acá, llevamos el agua para allá, entonces yo me salvo y los que están recibiendo el agua, ya verán. Total siempre queda el recurso imaginativo de echarle la culpa a "los políticos que se roban todo" (Este es un argumento nada original; que ya se usaba el la década del '20 contra los Radicales, y después contra todos los que se fueron sucediendo, menos por supuesto contra los gobiernos militares, que igual se robaron todo, pero como los diarios tenían prohibido decirlo, nadie se enteraba)

De allí en adelante se normalizó el régimen de lluvias, sin mayores sobresaltos, hasta que llegamos al período actual, que comienza con las inundaciones de 1980, en que descubrimos que había un fenómeno climático que se llamaba "El Niño" que como buen niñito, nos dejó los pañales bastante sucios.



VI





Puerto de Quequén destruido por la inundación de 1980


Aquel período de sequía que caracterizó a los años de la década del '50 y principios de los '60 comenzó a revertirse en la década del '70. Como veníamos de años de escasez de lluvias, la capacidad de absorción era mucha, y al irse incrementando las precipitaciones, la natural infiltración fue absorbiendo el agua caída, las napas freáticas recuperaron sus niveles, y las lagunas existentes volvieron a sus antiguos niveles naturales.
Hay un informe interesante acá, 


sobre las llamadas "Encadenadas del Oeste" donde se hace un muy buen análisis sobre aquellas dunas producidas por la sequia de los años '30 en La Pampa, que fijadas y consolidadas taponaron drenajes naturales impidiendo la conexión entre los excedentes del Rio Quinto y la Cuenca del Salado.









Caminos inundados de Azul 1980


De por sí, la Cuenca del Salado, es de lento drenaje. Desde sus nacientes dentro de la Provincia de Santa  Fe (Laguna de Totoras cerca de Teodelina) hasta su salida al mar recorre unos 650 Km. con un desnivel desde los 80 Msnm (metros sobre el nivel del mar) hasta su desembocadura en la Bahía de Samborombón. Solo 80 metros de desnivel en 650 Km nos da la pauta de su lento escurrimiento. Afluyen al Salado otras cuencas, como por ejemplo la del Aº Vallimanca que trae los excedentes de las lagunas de la zona de Guaminí.

Hasta entonces las inundaciones más notorias tenían origen en lluvias producidas en la misma Provincia de Buenos Aires, pero en 1980 la cuestión se hizo más "Federal". La Provincia de Córdoba había venido haciendo obras de canalización del Rio Quinto, recuperando los bajos de "La Amarga" lo que solo hizo pasar el agua de superficie más pronto hacia el norte de la Provincia de La Pampa. Obviamente los propietarios de los campos que "ligaron" esas aguas excedentes pusieron el grito en el cielo, por lo que los Pampeanos emprendieron obras tendientes a paliar la situación, y, como el agua tiende a correr hacia el bajo, el NO y el O de la Provincia desde General Pinto y General Villegas, Carlos Tejedor y Trenque Lauquen ligaron todos los sobrantes, que al encontrarse con el cordón de aquellos viejos médanos ya consolidados, no pudieron fluir hacia lo que había sido su salida natural, o sea el Salado.


Esto llevó a la construcción de un canal (Jauretche, Mercante, Republica de Italia) que lleve los excedentes de las lagunas del Oeste hacia la cuenca del Salado. Este canal es paralelo a la Ruta Nac. 5 
ver acá. 




y protege (o intenta proteger) a centros poblacionales importantes como Trenque Lauquen, Pehuajó, 9 de Julio, Bragado, que a su vez han tenido que levantar costosas obras de contención para evitar el anegamiento de sus poblaciones.
También en 1980, se  produjeron lluvias extraordinarias (más de 400 mm) en la zona de las nacientes de los Arroyos Azul y Tapalqué, una zona al sud este del Partido de Olavarría, Noroeste de Benito Juárez, Laprida, una zona deprimida donde se ubican las nacientes de estos arroyos citados que corren a la cuenca del Salado, y otros tributarios del Quequén Grande, Tres Arroyos, y Quequén Salado. Las ciudades de Olavarría y Azul se vieron casi totalmente anegadas. La creciente del Quequén Grande produjo también la caída de puentes inclusive dentro del Puerto de Quequén. Puentes ferroviarios y carreteros derrumbados, campos totalmente anegados. Aparecieron lagunas donde nadie recordaba que hubieran existido, lagunas que al día de hoy permanecen, al igual que cursos de agua ahora permanentes en los llamados "cañadones" donde solo ocasionalmente corría agua.

Fue la exteriorización de que una nueva era de lluvias, de aquellas que Ameghino había advertido, y que muy pocos recordaban, y que es otro de los "Factores Concurrentes" a la situación que hemos visualizado en estos últimos tiempos.



VII




Puente sobre canal 9 Dolores construido en 1912


Hasta ahora hemos venido reseñando hechos geográficos y climáticos y muy poco hemos hablado de algo fundamental. La geografía, y el clima son acumulación de datos visibles, tangibles y mensurables, que solo cobran sentido cuando le ponemos al hombre en escena, que es el que le da sentido a todo eso.


Una cadena de médanos, un curso de agua, un cordón serrano, una llanura son paisaje solamente, hasta que el hombre los habita y los utiliza para su sustento, o su actividad productiva con fines comerciales.

Cuando se produjo la "Campaña al Desierto" (de la cual escribí bastante
acá y subsiguientes. y acá tambien, en estos otros tres o cuatro posteos)



las extensiones "conquistadas" fueron vendidas. Sus compradores no eran en su inmensa mayoría gente con vocación agraria, sino amigos del poder de turno, comerciantes, especuladores y otras actividades para nada relacionadas con la producción y el trabajo. Tenían otra mentalidad y otras dedicaciones. Por lo tanto promovieron una inmigración, que tergiversando y traicionando el pensamiento de Alberdi y Sarmiento, que soñaron una inmigración calificada e industriosa, fuera lo más bruta e inculta posible (y que nadie se sienta ofendido; que no estoy calificando a nuestros abuelos inmigrantes, solo estoy describiendo hechos). Su  modelo de país no era industrial, era simplemente exportador de materias primas agropecuarias, y para eso no se necesitaban técnicos si no labriegos, que huyendo del hambre y la miseria de la vieja Europa (y de sus periódicas guerras, porqué no) que recién salía del Medioevo en aquellas remotas aldeas del sur de Italia o de España, no anduvieran alterando la paz social...


Así entonces se fue avanzando en la frontera agropecuaria. Y si bien, en la pampa húmeda no había bosques nativos, o sea que ni deforestar hacía falta, si los había más al oeste, y así el bosque de La Pampa fue talado, los caldenes y algarrobos a alimentar las calderas de las locomotoras y el monte bajo eliminado por la vieja técnica de la "roza". Como allí la capa fértil era muy somera, donde vino una época de sequia, se voló toda, como vimos en un artículo anterior.


Mas al centro de la Provincia de Buenos Aires, la agricultura y la ganadería prosperaban, y se cobraban los arrendamientos, generalmente en especie ("aparcería). La pampa deprimida, con poca aptitud agrícola, pero si ganadera, proveía los terneros necesarios, pero sus pastos naturales no eran aptos para la terminación de los novillos, por lo que los campos del Noroeste de la Provincia (Villegas, Gral Pinto, y demás, de suelos profundos y arenosos) aptos para las pasturas, servían como campos de invernada, alternando con agricultura y resiembra de alfalfa. Hasta que de pronto, se venía el período lluvioso y la inundación descompaginaba el esquema.


Los propietarios de la tierra (recordemos que de "amigos del poder", habían trocado en "el poder") exigieron que se les sacara el agua de encima y así se empezaron a hacerse canales derivando las aguas pendiente (escasa) abajo y hacia el mar. No fue hecho con demasiada planificación (si alguna); el asunto era "sáquenme el agua de MI campo ya, no importa cómo ni adonde". Como el agua no entiende de estas cuestiones comerciales, iba para otra parte, donde había otro propietario, que también tenía sus amigos, por lo que incontables demandas, recursos de amparo, órdenes de no innovar paralizaban por años obras que costaron muchísimo dinero. Y mientras tanto los antiguos centros poblados, levantados a la vera de los arroyos, seguían creciendo. La gente de mayores recursos levantaba sus viviendas en los terrenos más altos, y los mas pobretones donde podían encontrar un terreno barato, que por lo general era en las zonas más bajas.


Aquella generación dirigente y su capitalismo de amigos no tenían una visión de país a largo plazo, que es lo menos que podemos exigirle a una clase dirigente. Con su visión cortoplacista inherente a sus raíces de comerciantes del puerto no veían más que el beneficio económico inmediato. Ameghino, confinado a su rol de arqueólogo, Sarmiento y Alberdi morían en el exilio amargados por la traición a sus principios. Porque por más que tanto uno como el otro tengan sus aristas discutibles, tenían un concepto de país bastante más abarcativo que el de la  "generación del '80" (de 1880).


Veremos de irnos introduciendo en las prácticas agrícolas, así nos vamos acercando a la ahora tan meneada siembra directa.




VIII



Arado de Asiento


Antes que la Pampa Húmeda fuera lo que vemos ahora, su aspecto era totalmente diferente. Una interminable llanura, casi desprovista de árboles, cubierta por una vegetación naturalmente adaptada al suelo que la sustentaba. Es muy difícil hoy día encontrar algún lugar que nos de una idea de cómo era aquello. Los que tenemos el ojo entrenado para mirar y además tratar de ver (mirar y ver a veces no son sinónimos), por ahí encontramos en tramos de vías desactivadas hace muchos años, (tramos de vías a nivel, sin terraplenes ni cortes que han modificado el suelo) lugares que han recuperado su aspecto originario.

La vegetación natural indicaba cuales suelos eran aptos para que cosa. Especies que toleraban los bajos salinos (pasto puna, pelo de chancho), especies que prosperaban en los "bajos dulces", especies de suelos arenosos, en fin todo un catálogo de especies que observadas con atención indican, aptitudes de esos suelos para los distintos usos agrícolas, ganaderos o mixtos.

No eran pastos aptos para alimentar las razas vacunas europeas que se querían introducir en reemplazo de las que descendían directamente de aquellas que trajeran los conquistadores. 
Ver acá: 



Para ello era necesario romper esa vegetación natural, "amansar" la tierra con dos o tres años de agricultura, para recién entonces implantar pasturas más aptas. Entonces, llegaron nuestros abuelos o bisabuelos, que a fuerza de arado mancera, y luego arados de asiento, tracción a sangre Acá 




..fueron eliminando los pajonales, cardales y modelando por asi decirlo el paisaje actual.


Nuestros inmigrantes (o muchos de ellos) desconocían el trabajo de la tierra, o al menos en la medida y dimensión de estos lugares, y tampoco tenían muchos puntos de referencia en los que basarse. El sistema de explotación de la tierra, como arrendatarios "móviles" que trabajaban dos o tres años en un lugar y luego se mudaban a otro tampoco ayudaba a que "conocieran" su tierra. En la mayor parte de los casos los propietarios de la tierra tampoco tenían mucho conocimiento técnico sobre el tema. En ese entonces solo eran comerciantes, en su mayoría amigos del poder de turno, que solo tenían el ojo puesto en el beneficio económico a corto plazo. Años después, sus descendientes trocarían en estancieros, sin perder su estirpe de comerciantes.


Por lo tanto, se cometieron errores garrafales, como por ejemplo la desatinada deforestación de la actual provincia de La Pampa, con los efectos que ya vimos anteriormente. Se hizo agricultura en campos bajos que luego al sobrevenir períodos lluviosos se inundaban produciendo pérdidas y las consecuentes protestas de los perjudicados.

Aún así, fuimos progresando, a veces a pesar de nuestros propios errores, aprendiendo por el camino, hasta formar una cultura de conocimientos agrícola-ganaderos que es patrimonio de los que practican ese arte que significa el trabajo de la tierra.


En la próxima entraremos en las técnicas de laboreo, para ir llegando finalmente a la hoy tan menada "siembra directa", que como toda técnica, no es ni buena ni mala por sí misma, sino por el uso que hagamos de ella.





IX



Arado de cinceles



La introducción de especies exóticas en un ecosistema es una cuestión que en el largo plazo acarrea inconvenientes. Máxime cuando alguna de esas especies por cuestiones estrictamente comerciales o de mercado toma valores que al producir ganancias extraordinarias, tienta a los explotadores de ese ecosistema al monocultivo.


No debemos dejar de considerar que vacas, caballos ovejas y cabras y cerdos son especies exóticas introducidas por el hombre. La soja, el trigo, la cebada, el sorgo, el lino son también introducidas por el conquistador europeo. Y casi le diría que el maíz, y el girasol si bien son originarios de nuestro continente, no son propios de la Pampa Húmeda. Una introducción más cercana pero al ecosistema al que nos estamos refiriendo, es cuasi exótico.


Por lo tanto, para hacer funcionar comercialmente esas producciones en gran escala, fue necesario modificar los suelos por medio de la labranza. Su primer objetivo, ir eliminando las especies vegetales naturales, no aptas para su explotación comercial, ya fueran como forraje o grano. Segundo objetivo, "ablandar"  por así decirlo el suelo para permitir la mayor absorción de las lluvias, que acumuladas en el segundo perfil del suelo, por capilaridad alimentará los sembrados con la humedad necesaria.


Primero mediante la labranza convencional (arado, rastras para refinar el suelo, siembra, y otras labores culturales como escardilladas y aporques). En la inmediata posguerra (fin de de los '40, principios de los '50) aparecieron los primeros agroquímicos (herbicidas) que sirvieron para ir eliminando malezas (llamamos malezas a especies vegetales sin valor comercial para el cultivo específico que estamos haciendo, aunque esas especies sean valiosas desde otro punto de vista).


Paralelamente, se produjo la mecanización de las labores agrícolas (mecanización que no es tecnificación, ya que solo reemplazó la tracción a sangre por el tractor).


Comenzaron con el tiempo a notarse los "efectos colaterales" de este sistema convencional de labranza, especialmente en los bordes de la pampa húmeda, y transición a la semi-árida, principalmente la erosión eólica a la que ya nos referimos con respecto a lo sucedido en la Provincia de La Pampa.


También comenzaron a manifestarse fenómenos de erosión hídrica en los períodos en que las lluvias abundaban y superaban por su frecuencia y volumen a las marcas normales, arrastrando esa delgada capa de humus sobre la cual se sustenta la agricultura y la ganadería.


La creación del INTA en 1958, dio comienzo a una etapa de investigación científica coordinada en todos los campos de la producción agropecuaria, y entre ellos la conservación del suelo, fue fundamental. Los investigadores con residencia en las zonas más comprometidas comenzaron a trabajar sobre el tema, y para la década de los '70 desarrollaron nuevas técnicas de labranza llamadas de "mínima labranza" o "labranza vertical" en que ya no se invertía el pan de tierra como se había venido haciendo durante casi cien años. La incorporación de los residuos de las cosechas (rastrojos) manteniendo la permeabilidad del suelo, y la implantación de cultivos "bajo cubierta" de esos residuos, tuvieron como resultado la recuperación paulatina de predios que habían quedado muy reducidos en sus posibilidades productivas.



desde mi propia experiencia personal como agrónomo y chacarero.

Y así llegamos a dar un  nuevo paso que es la introducción de la siembra directa, de la que hablaremos mañana para tratar de cerrar la serie.





X




Soja sobre soja en suelo desnudo en siembra directa




Maiz en siembra directa sobre trigo

Observese la cobertura del suelo

La agricultura, tanto como la ganadería, son actividades de mediano y largo plazo. Están regidas por reglas biológicas propias de cada una de las especies que de cultivan o crían. Los tiempos comerciales o financieros se rigen por otros tiempos. Generalmente, "la mayor ganancia en el menor tiempo" es su regla de oro, y armonizar esos criterios tan disímiles es toda una fuente de conflictos interminable.


Los regímenes de tenencia de la tierra, cuando son librados al "mercado" tienden a cumplir con esa regla "de la mayor ganancia...." En la explotación agropecuaria hay dos posibilidades en materia de tenencia, ser propietario, o ser arrendatario. Tuvimos una ley de arrendamientos (13246/48) que estipulaba una duración mínima de cinco años para los contratos, lo que permitía una planificación a mediano plazo en el que el arrendatario tenía plazo para amortizar laboreos y rotaciones, que permitían una mejor conservación del recurso suelo, el único factor no renovable de la actividad.


Esta ley fue derogada en 1967, pero quedaron vigentes algunas salvaguardas que finalmente fueron dejadas de lado en 1976/77 legalizándose así los "arrendamientos por ciclo", en que el arrendatario no tiene seguridad que al término del ciclo, pueda seguir trabajando el mismo predio, obligándolo a ajustarse a la regla de "la mayor ganancia en el menor tiempo".

Al mismo tiempo, se vino desarrollando la técnica de la siembra directa, que en si y por si, como toda técnica desarrollada por el hombre, no es ni buena ni mala. Todo depende del uso que el hombre haga de ella. El desarrollo de nuevos herbicidas permitió la instalación de la técnica del "barbecho químico" reduciendo considerablemente las labores agrícolas, y el parque de maquinaria necesario, y por lo tanto abaratando costos en la agricultura. Junto a esto, la aparición de especies genéticamente modificadas incrementó considerablemente los rendimientos por hectárea.

La siembra directa fue concebida para su uso dentro de un sistema de rotaciones, donde distintos cultivos se van alternando, y sus residuos (rastrojos) se van incorporando. De todos los cultivos en vigencia, justamente el mas difundido en extensión, la soja, es el que menos rastrojo deja. En un par de meses el suelo queda prácticamente desnudo. Si hay sequia, se vuela, y si hay lluvias el impacto de las gotas crea una especie de "cascara" que hace que el agua en lugar de permear, corre.


Por otra parte el uso continuo de la siembra directa  ha creado una compactación superficial del primer horizonte, que (sospechamos algunos) dificulta la capilaridad natural.


Estos son los desafíos de la práctica agrícola actual y futura, y sus consecuencias sobre el medio ambiente rural y urbano. Sé que está empezando a preocupar a los actores principales y que se están empezando a realizar descompactaciones utilizando cinceles (o paratil, otro implemento de efectos similares), pero éstas prácticas no son posibles en campos alquilados, donde el arrendatario no tiene seguridad sobre su continuidad, que le permita amortizar un laboreo costoso.

Los fundamentalismos a nada conducen, salvo a perder el tiempo para pensar soluciones de fondo. No se trata de optar entre la antigua labranza convencional, y la siembra directa, sino de sentarse tranquilamente a pensar todos en algo que nos permita una explotación racional, sobre todo, pensando en todos, no en la solución individual de los problemas propios o los del sector al que pertenezcamos.


El "Cambio Climático": antes que existiera el hombre, ya se registraban estos cambios, y después de la aparición del hombre también los hubo, Florentino Ameghino no los predijo, solo los registró y nos advirtió "Ojo muchachos, que esto ya pasó"; hubo sequias e inundaciones. Y también debemos observar que este período de lluvias que comenzó en 1980, ha permitido el desplazamiento de la ganadería a lugares como el sur de la Provincia de San Luis, y otras zonas marginales donde podemos ver novillos lustrosos, pasturas relucientes y lagunas naturales, cuando antes eran tierras prácticamente baldías con una mínima carga animal.


Todos estos (y otros tantos que no figuran en esta reseña) son los "Factores Concurrentes" a estos desastres naturales, que no se solucionan con recetas facilistas de sacar el agua de un lado para mandarla a otro lado.


Fin de la serie.