El escritor y su gato compartiendo soledades

El escritor y su gato compartiendo soledades
Los infiernos del escritor

viernes, 16 de junio de 2017

Maestros del Blues... The Graham Bond Organization, en abstinencia psicodélica impone Javier “Paco” Miró, y una “lisérgica” literaria final




Por Javier "Paco" Miró





Algunas bandas son esenciales debido a que la calidad de los músicos, artistas que tuvieron a posteriori una influencia impresionante, son como selecciones nacionales o esos equipos de Fútbol de las estrellas, o como Universidades del género pues estos músicos se nutren y se transforman. Algunos casos son conocidos, como The Bluesbrakers, Blind Faith , The Yardbirds, otras no han sido tan conocidas pero son de una relevancia tremenda como nuestra invitada de hoy, The Graham Bond Organization.



La banda estuvo formada por: Graham Bond (órgano), John McLaughlin (guitarra), Jack Bruce (bajo) and Ginger Baker (Batería).

En el comienzo del auge de R&B británico la organización de Graham Bond ganó una merecida reputación por su agresividad musical. Si bien Bond fue el principal compositor siempre procuró alentar a los otros músicos a contribuir con material, tales son los casos de Dick Heckstall - Smith "De Dick Instrumental" y "Camellos y Elefantes" de Ginger Baker, en el que el baterista explora ideas que luego se plasmaron con su sello en el posterior tema "El Sapo". Una versión basada en la armónica de Jack Bruce, "Tiempo de tren" de Peter Chatman se convertiría en un alimento básico en actuaciones en vivo del legendario Cream.



El grupo tenía problemas debido al abuso de sustancias y la peleas continuas entre Baker y Bruce.  Bond convenció a Baker para despedir a Bruce, quien poco tiempo después se unió a Manfred Mann. El grupo grabó "St James' Infirmary" sin Bruce en 10 de enero de 1966, que fue lanzado en los Estados Unidos con escaso éxito. Otro acompañante fue Mike Falana en trompeta.

La falta de éxito comercial de la Graham Bond  organizatión, las luchas internas y los problemas con las drogas puso fin a la banda en 1967, pero su importancia fue reconocida dentro del ambiente de rock blues y progresivo, surgiendo casi de inmediato un  aumento de las ventas de sus álbumes.



En 1970 la  Warner Bros Records  lanzó el álbum doble” Vínculo Sólido”,  un compilado de temas en vivo grabados en 1963 por el cuarteto de Graham Bond (Bond, McLaughlin, Bruce y Baker) y una sesión de estudio desde 1966 por la versión del trío final de la organización de Graham Bond (Bond, Heckstall-Smith y Hiseman).

Graham Bond se reunió con sus ex compañeros de banda en la década de 1970, tocando con la banda de Ginger Baker y también salieron de gira con la banda de Jack Bruce. Posteriormente firmó un contrato con Vértigo Records. Bond murió en mayo de 1974, cuando él se cayó debajo de un tren en la estación de metro de Finsbury Park de Londres.


.. fragmento del relato La Cátedra de los Gatos

“...Borges se colocó ante la muerte con una actitud de acatamiento, carente de humildad, miedo o desesperación. Yo no puedo, y la mayoría de las personas que quiero y conozco tampoco. De alguna manera envidio sanamente al maestro. El crepúsculo es muy bello, sólo si la mañana siguiente continúa siendo un evento irreversible. Sigo repasando sus historias. Leo una certera definición de la Muerte: Sucia como el nacimiento del hombre. Pienso. Qué soberbia provocación resulta higienizar buenamente aquello que se encuentra entre márgenes tan sórdidos...”


martes, 13 de junio de 2017

A mis amigos los escritores, en su día, agradecido por permitirme de vez en cuando ingresar como convidado a la verbena






“En la actualidad cualquier estúpido con recursos económicos escribe y publica un libro y eso de ninguna manera lo convierte en escritor”; esta sentencia cuyo autor prefiero mantener en reserva presenta a mi entender flancos que es necesario desglosar. Tras el carácter taxativo de la afirmación se esconde un sofisma sencillo de refutar con el siguiente razonamiento: “En la actualidad cualquier entusiasta de las letras o escritor profesional, bueno o malo, estúpido o no, con suficientes recursos, está en condiciones de publicar un libro”. Estimo que la estupidez, la literatura, y la posibilidad de publicar no son términos equivalentes ni guardan relación entre sí y más teniendo en cuenta que los hermosos textos del gran escritor estadounidense Lovercraft vieron la luz recién pasada una década de su muerte por lo cual no queda mucho para agregar sobre de qué se trata ser un escritor.

Como dijo Stevenson “El encanto es una de las cualidades esenciales que debe tener el escritor, sin el encanto, lo demás es inútil”. Borges sostenía “Cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Parto de un concepto general; sé más o menos el principio y el fin, y luego voy descubriendo las partes intermedias; pero no tengo la sensación de inventarlas, no tengo la sensación de que dependan de mi arbitrio; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi deber de poeta es encontrarlas”.

En consecuencia al adolecer de encanto no me considero escritor más allá que algunos de mis textos hayan tenido buena estrella y reconocimiento en varios centros literarios nacionales. De modo que por fuera de la profesionalidad que la tarea requiere, ésta exige de cualidades que no siempre están ligadas con las ansias y deseos de expresarse mediante la palabra escrita.

El lector elige, al igual que es elegido por el texto que escoge. El escritor nunca está al margen de la cuestión, sabe perfectamente a quiénes trata de apuntar con su encanto.

Al igual que escribir no es ser escritor, leer no significa ser lector. El lector es la esencia del escritor en sus dos facetas: No se puede ser escritor sin ser lector, y no se puede considerar lector al sujeto que leyendo no relaciona ni intenta incluirse por igual dentro del espíritu de la historia (infiernos del escritor) y la jerarquía del lenguaje. Sucede lo mismo con la música y con el cine. Ni nos convertimos en melómanos por escuchar melodías, ni nos podemos considerar cinéfilos por el simple hecho de ver películas. Interviene aquí un elemento que marca la diferencia: La complejidad. Nuestro propio placer por la complejidad exigirá que vayamos en búsqueda del encanto, y como consecuencia, tendremos la capacidad para determinar si ese texto al que arribamos está escrito por un escritor o por un simple entusiasta de las letras. Discernir con placer dentro del ámbito de la complejidad es tarea del verdadero lector.

En alguna ocasión un amigo, también entusiasta de las letras, criticaba la apertura libre y discrecional que hacía de mis títulos en sitios públicos de la red, insistiendo que debía poner más atención sobre cuestiones de reserva y cosas por el estilo. Según su razonamiento estoy mal exponiendo mis cuentos, poesías y novelas para que sean utilizadas, usurpadas y si se quiere malversadas por propios y extraños (se ve que el hombre me aprecia demasiado). Sin duda que vale la pena el reto del que buenamente era víctima, pero a mi entender, en la actualidad, como en ningún otro momento de nuestra contemporaneidad, se hace necesario reforzar los conceptos de libertad y de igualdad mediante la acción concreta. Es probable que mi estupidez quede de manifiesto inmediatamente luego de efectuada la lectura, por lo menos nadie podrá acusarme de distraer dineros de terceros en textos que resultan más interesante de encontrar casualmente que, en el peor de los casos, tener que pagar para acceder a ellos.

El físico y filósofo italiano Strato de Lampsacus afirmó que sin pensamiento nos es imposible percibir la belleza que atesora la complejidad. Estando de acuerdo con la cita se puede afirmar que cuanto más fronterizo es el menú artístico a percibir menos necesidad de elaboración inteligente requiere. Cuestiones de pertenencia política y cuestiones de resignación artística hacen a la problemática cultural. Ambas conspiran contra la posibilidad de educar y formar al soberano, respetarlo elevando el tenor conceptual, de familiarizarse con la hermosa desmesura de la complejidad, por encima de conformarse con la vulgaridad rutinaria que nos ofrece la seguridad de lo probadamente digerible.

Al mismo tiempo, y como bien sentenció Albert Camus, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, “querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros, de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y a la belleza; consagrado en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia”. 

En lo personal cuando leo y cuando escribo, blues... 






jueves, 8 de junio de 2017

Maestros del Blues. Mike Griffin y una historia militante en el Pago Chico




Nacido en Layton, Oklahoma, es una de las nuevas figuras del blues surgido durante los noventa e influenciado por la segunda generación de grandes maestros del género del siglo XX, por caso  Albert Collins. Mike Bloomfield, Albert King y Paul Butterfield entre otros. Durante mucho tiempo trabajó como músico de sesión siendo esta la puerta que le permitió ingresar al circuito de festivales tanto en Memphis como en Arkansas. En la actualidad a su estilo como guitarrista incorpora elementos del jazz y del funk.





Aquí algunos de sus más destacados trabajos:

Back on the Streets Again (1992)
Gimme What I Got Comin ' (1993)
Sittin 'Here With Nothing (1996)
Harley in the Rain (1997)
Hermanos gemelos de diversas madres (2000)
Livin 'Large (2001)
Live at the Full Moon Saloon (2002)
Two Lane Road (2004)
Iron City Blues (2008)
All My Runnin ' (2008)
Big Mike Griffin y Chris Tofield Live (2013)






De noche no todos los gatos son pardos
(Historias de militancia)


Estaba feliz. Me había levantado temprano de la siesta sabiendo que el conocimiento estaba a la postre de unos mates y dando vuelta la ochava. Con las lecturas previas de El Loco Dorrego de Hernán Brienza, Fusilaron a Dorrego de Raúl Fradkin y de Manuel Dorrego, el Héroe y sus cavilaciones de Antonio Calabrese, supuse encontrarme a la altura de las circunstancias para valorar y respetar en su justo término la real dimensión intelectual de nuestro eminente disertante.
El ámbito era perfecto. Cierta intimidad y una treintena de personas de valor y compromiso social daban el marco adecuado a una charla debate en donde la política y la historia se esforzarían por diseñar sus acuerdos y desacuerdos amablemente, dejando de lado esas detestables y eruptivas pulseadas que solemos observar cuando un par de lectores, más o menos avezados, le rinden culto deshonesto a sus supuestas sospechas eruditas. Tipos que aman escucharse, onanistas de sus propios escritos.
Pero qué va... el alma de Beatriz Sarlo se hizo presente, y por un rato me sentí Orlando Barone en aquel recordado programa de la televisión pública.
Sorpresivamente me desasné allí que Juan José Hernández Arregui presenta lecturas marxistas, sesgadas y europeizantes con respecto a nuestra historia reciente, por lo cual me encontré en la feliz obligación de leer nuevamente La Formación de la Conciencia Nacional, Imperialismo y Cultura, ¿Qué es el Ser Nacional? y Nacionalismo y Dependencia.
Considero que el eminente disertante debía sostener razones valederas y científicas de las cuales no puedo ni debo dudar. Tal vez lo leí con cierto pre-concepto, tal vez por pertenecer al campo del pensamiento popular la figura del converso haya enamorado a Hernández Arregui de modo lograr mimetizarse con Arturo Jauretche, Homero Manzi y Raúl Scalabrini Ortiz. No sé, es apenas una sospecha; soy simplemente un apasionado y humilde lector.

En otro orden de cosas estimo que José Pablo Feinmann no espera devoción de parte de nadie ni aspira lograr santidad alguna. Supongo que su inteligencia propone disparadores que nos permiten ampliar nuestra base de debate y discusión con fundamentaciones honestas, tan permeables y recortadas como otras, pero con un índice de racionalidad que hacen relevante su figura como filósofo, historiador y analista.
También nos enteramos que la violencia política no formaba parte del vademécum del General Perón. Y eso es cierto, su revolución fue en paz; los cambios sociales efectivizados luego de 1946 modificaron notablemente la vida de todos los argentinos, sobre todo la vida de los trabajadores y la de los sectores más vulnerables.
Lo que no podemos ignorar es que dentro del movimiento se desarrollaron brazos armados, tanto de derecha como de izquierda, que ni el mismo General pudo acotar luego de haber sido factótum irreemplazable de su propia génesis. No olvidemos las reuniones en Puerta de Hierro que sostuvo en varias ocasiones con aquella juventud maravillosa en las lamentables épocas de la proscripción. Esto no configura en absoluto un reproche. Nada más lejos de mi intención. Es una realidad histórica que no debemos ocultar si de criterios políticos y científicos se habla. Tampoco creo que la inteligencia del General haya sido engañada o sometida burdamente por las brujerías del mediocre y tristemente célebre cabo López Rega.

La taxativa definición sobre la pasividad juvenil de los ochenta no me parece contener condimentos probatorios irrefutables y más teniendo en cuenta que uno, como testigo y protagonista, fue participe de aquella resurrección estudiantil postdictatorial. Recordemos solamente que las páginas de los diarios exhibían como noticia de tapa los resultados de las agrupaciones universitarias partidarias en cada claustro. Franja tenía significado y significante, al igual que la Juventud Intransigente, la Funap, Upau, la JPU, el FJC, la JS y demás agrupaciones trotskistas, maoístas, humanistas y hasta ecologistas.
Es cierto, fuimos una juventud fiambre que, políticamente, se rindió demasiado rápido ante la adversidad y el desencanto con aquellos que hablando de coraje se agacharon a la primera de cambio, casi sin dar batalla intelectual, ahora llamada cultural; pero eso no desmerece el entusiasmo y lo explosivo de su génesis. Recordemos bajo las faldas de quién terminó sus días el político e historiador de la izquierda nacional Jorge Abelardo Ramos.
Nada garantiza que el actual encanto juvenil se consolide a través de una militancia permanente ante otro desencanto o ante una nueva adversidad. El actual formato social será clave para entender el futuro.
Coincido con nuestro disertante. Con la democracia no se cura, ni se educa, ni se come. Se cura con una política sanitaria popular, con médicos de excelencia y un modelo de inversiones de carácter universal dejando de lado el "Modelo Médico Hegemónico" que sostiene la variable costo/beneficio como capricho institucional. Se educa con planes acordes y progresistas a favor del conocimiento general y particular, con docentes bien pagos y centros de instrucción y formación, integrados a un proyecto de país, y se come con una distribución justa de la riqueza. Esto es: La democracia con sustancia política y no solamente como modelo gestionalista.
Sospecho que la ausencia del Coronel Manuel Dorrego en esta interesante tardenoche no se debió a una cuestión de censuras ni de olvidos. Estimo que prefirió no asistir entendiendo que su sacrificio y las manchas de sangre en su casaca aún no eran suficientemente respetadas.
Hubo intentos de algunos presentes para arroparlo y traerlo a la fiesta intelectual. Pero no hubo caso. La política internacional, Kadhafi, Mao, Reagan y la crisis de una sustancia llamada petróleo que ni siquiera conoció, lo convencieron que asistir no tenía demasiado sentido. Y fue una verdadera pena la decisión. Intuyo que prefirió tomarse unos mates con Juan Maciel, crepúsculo mediante, en algún rincón del pago en donde nadie con soberbia intelectual tenga la pretensión y el poco tino de rubricar incómodamente alguna inútil sentencia universal.
El “después te firmo” del disertante  constituye el resultado de una pulseada de la que nunca participé. Me llamó mucho la atención que del campo popular emerjan esas chispas elitistas que hacen más a la actualidad de la antes mencionada filósofa aliancista y no tanto al apasionamiento de un compañero que con esfuerzo y voluntad se nos acercó para pasar un buen momento de charla y sana discusión.

Junto a mi señora recorrimos cuarenta kilómetros entre ida y vuelta para escuchar y aprender. No nos arrepentimos en lo absoluto. Gracias al "Profesor" pasamos una estupenda velada de aprendizaje en en Bar No Tires Lavalle, junto a los amigos Carlos y Susana. Al rato cayó el Coronel, encantado con el nombre del boliche, junto a Juan Maciel, seguro por estar a salvo de las sombras de la parroquia. Y estuvo presente la vernácula política y la historia de nuestros dolores y nos encontramos, tal vez sin tanta pompa ni boato con aquello que vinimos a buscar. Demás está aclarar que a nadie se le ocurrió firmar ningún protocolo intelectual al finalizar la reunión. El asunto fue mucho más simple, mucho más humano, mucho más político. Quién sabe... hasta con algún rigor científico ciertamente casual.

jueves, 1 de junio de 2017

Maestros del blues. Homenaje a Greg Allman fallecido el 27 de mayo pasado... y algo sobre la finitud..



Por Javier "Paco" Miró





Pocas personas han ayudado tanto a definir el rock sureño como Allman, cantante, organista y compositor de los Allman Brothers, la banda que, formada en el punto álgido de la contracultura en 1969, dio rienda suelta desde Florida a un poderoso y absorbente estilo de blues-rock bajo la premisa de la improvisación, tal y como se venía haciendo en San Francisco. 



Hermano pequeño del guitarrista Duane, con quien fundó el grupo, y que falleció en 1971 en un accidente de moto, el músico ayudó a definir un sonido cautivador, repleto de paletas instrumentales que podían rastrear el jazz primitivo, el country desenfadado o el folk pantanoso. Era un sonido genuinamente americano, que remitía al corazón mismo de una nación con alma rural. 



Porque más allá de las dos costas, entre la distancia que había entre Nueva York y San Francisco, se extendía un vasto país de carreteras secundarias a las que el rock sureño parecía explicar mejor que la intelectualidad de los Doors o la Velvet Underground. Su órgano Hammond B-3 era esencial en este ímpetu vibrante, de latido blues,  recogido en álbumes tan sobresalientes como Idlewild South, Each a Peach, At Fillmore East y Brothers & Sisters, que terminaron por crear todo un género en los setenta, que llega hasta nuestros días en la música norteamericana. De hecho, la revista Rolling Stone seleccionó a la banda como una de las mejores de todos los tiempos, y en 1995, el grupo ingresó en el Rock and Roll Hall of Fame. (Fuente: http://cultura.elpais.com)


...detesto la superioridad moral del que nunca rompió una fuente de loza porque nunca la lavó, del que no tuvo la valentía de perderse debido a que siempre se quedó esperando, del que jamás lloró porque evitó transitar por el sendero del sentimiento. El tiempo individual es nuestra máxima catástrofe; como nos conoce y es nuestra sombra y memoria nos delata, y es el que no nos permite, cual cancerbero, liberarnos, para intentar con modestia usurparle algunos minutos de descuento a la inexorable finitud... 
( de El tiempo es nuestra máxima catástrofe, prólogo del libro de cuentos El sendero de los extremos sucios )